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«Esta es una plaza», paseos por Madrid

Esta es una plaza autogestionada y sin ánimo de lucro.

Frente a este hermoso edificio en la esquina de la calle del Doctor Fourquet y Mallorca de Madrid, encontramos la entrada a un lugar muy especial.

A la altura del número 24 de la Calle Doctor Fourquet Nº 24, en el barrio de Lavapiés, hay un oasis de paz, donde no llega el bullicio de la ciudad, que merece ser visitado.

Es una plaza, un parque infantil, un espacio para dar y recibir cursos prácticos de cerámica, para almorzar y también descansar.

En un cartel en su entrada, se lee “Esta es una plaza, es un jardín compartido creado en un solar cedido por el ayuntamiento para la participación ciudadana» e invitan “Puedes participar en la Asamblea y Grupos de Trabajo”.

Su contacto es Estaesunaplaza@gmail.com.

Proponen visitas, aceptan propuestas y realizan eventos.

Advierten que no se permiten actividades lucrativas.

Hay una inscripción que pone

Si en los jardines que habita

Me impiden ver a mi dueño

En los jardines del sueño

Nos daremos una cita

Umar Aḥmad ibn Muḥammad ibn Aḥmad ibn Sulaymān ibn Darrāğ al-Qasṭallī (958-1030).

Un poeta hispanoárabe de origen bereber, nacido en el Algarve.

El solar estaba vacio, y durante décadas abandonado.

Los vecinos de a poco, lo van condicionando y transformando en un espacio multiusos.

El Ayuntamiento de Madrid, en el año 2010, lo entrega como concesión.

Su historia es:

«Esta es una plaza» se «crea» en un solar vacío e inutilizado durante tres décadas, hasta que los vecinos idean un proyecto para convertirlo en espacio multiusos, intercultural e intergeneracional, que pueda ser utilizado por aquel que lo necesite, siempre y cuando lo cuide.

La concesión por parte del Ayuntamiento de Madrid llega en 2010 y, desde entonces, se han construido mesas para trabajos de jardinería y bricolaje; se ha plantado toda una colección de cactus, entre otras especies, y se han instalado varios columpios, además de haber reservado un lugar a modo de anfiteatro para actividades culturales. 

Aparte de ser autogestionada y sin ánimo de lucro, esta «plaza» destaca porque no tiene papeleras, ya que cada debe ocuparse de la basura que pueda generar, es un espacio totalmente libre de humos.

«Esta es una Plaza» pretende ser un lugar de encuentro entre distintos grupos de la ciudad; sea que vengan a descansar, a celebrar un cumpleaños infantil o a recitar poesía. Se trata de compartir el espacio y las actividades para crear así un clima de convivencia y poder desconectar del lío de la ciudad durante un tiempo.

En Europa Press, de enero 2010, se puede leer.

El Ayuntamiento de Madrid ha cedido temporalmente el solar situado en el número 24 de la calle Doctor Fourquet, en el madrileño barrio de Lavapiés, al proyecto de autogestión ‘Esto es una plaza’, que realiza desde hace unos meses en el lugar actividades educativas, mercadillos y un huerto urbano, informó la entidad vecinal.
Leer más https://www.europapress.es/madrid/noticia-ayuntamiento-cede-temporalmente-solar-calle-doctor-fourquet-proyecto-social-esto-plaza-20100124190941.html

Puede interesarte este tema, por lo que te envío esta sugerencia de Hugo K: Fundación de una ciudad romana ex novo de nueva planta https://onlybook.es/blog/fundacion-de-una-ciudad-romana-ex-novo-de-nueva-planta-1/

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Arq. Hugo Alberto Kliczkowski Juritz

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Salvemos al Parador Ariston de su ruina

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Diario Clarin https://onlybook.es/blog/el-parador-ariston-

Viaje al «Fin del Mundo» 4a parte. citröen

Viaje al «Fin del Mundo»

Tierra del Fuego

En la primer parte de esta narración (https://onlybook.es/blog/viaje-al-fin-del-mundo-1a-parte/) mencioné que “mi relación con el sur del continente americano, comienza en Febrero de 1972 con un viaje realizado con mi amigo Edgardo Minond a bordo de un Citroën 2CV del año 1964, que continua con un viaje en el año 2016 y otro en el 2022”.

Mientras completo los datos y las narraciones de mis otros viajes, voy a intercalar el viaje en Citroën.

1972

En 1972 se realiza la Primera Gran Travesía Citroën, así denominó la fábrica de autos Citroën al programar un rally con un recorrido de 10.000 km desde Buenos Aires, a Tierra del Fuego, Santiago de Chile, Córdoba y regreso a Buenos Aires.

Con Edgardo formamos parte de un contingente de 202 Citroën, en el que había modelos de 2CV, 3CV, Meharis y Ami 8.

Foto de otro auto de la travesía cruzando uno de los muchos badenes de la ruta 40

Las tripulaciones eran variopintas, familias, parejas, solitarios y solitarias, algunos acompañados de sus mascotas…

A nuestro Citroën 2CV de 425cc y 14 caballos, lo llamábamos “la dama Blanca” (aunque era verde con guardabarros amarillos), la foto es de aquel rallye pero no de nuestro auto.

Se llamó “La Gran Travesía”, a la caravana de autos Citroën que durante 1 mes (desde el 31 de enero al 27 de febrero de 1972) recorrimos la parte sur de Argentina y Chile. Muchos miles de kilómetros, para lo que contábamos con el apoyo de mecánicos que llevaban piezas de repuesto para resolver los inevitables problemas que provocaron caminos de ripio poco transitados y transitables.

Dormimos en campings, centros sociales y deportivos, hoteles, moteles y donde se podía, incluso dentro de los autos, cuando el cansancio impedía llegar al final de la etapa.

En el trayecto, durante el cruce en el ferry rumbo a la Tierra del Fuego, conocimos a un mochilero, mayor que nosotros, era arquitecto, pero pasaron varios días hasta que nos dijo que lo era.

Nos pidió lo lleváramos y a cambio colaboraría con los gastos de gasolina.

Era el Arq. Felipe Baigun, al que recuerdo con mucho cariño, cuando regresamos me invitó a cenar a su departamento que daba a la avenida 9 de Julio.

Era muy extraño, como que al tocar el timbre frente a lo que se suponía era la puerta de entrada, se abría una a tus espaldas, me explicó que así veía quien era, y sin hacer ruido, no habría, o lo hacía como fue mi caso.

En el último piso de su más que amplio piso, había una especie de mirador, de atalaya, con un espacio rodeado de cristales por donde se veía toda la ciudad incluyendo el cielo.

Me explicó, que su habitación “sin ventanas, era el útero materno, y que el espacio del mirador todo vidriado, era su nacimiento cada día.”

Una de sus obras, en Güemes 4243 junto al Arq. José Levit figura en Moderna Buenos Aires https://www.modernabuenosaires.org/obras/20s-a-70s/edificio-guemes-4243

Durante el viaje vivimos muchas situaciones, recuerdo que en una larguísima recta, mordimos la banquina, y el Citroën volcó parcialmente, quedando de lado, apoyado en el borde de una zanja.

Estábamos muy cansados, para bajar, y tratar de poner el auto, en su posición normal sobre la ruta. Aún ladeados, el cansancio podía con cualquier inconveniente, por lo que decidimos dormir así, inclinados como estábamos, yo al volante, Edgardo en el medio y Felipe contra la otra puerta, resistiendo el peso de nosotros.

Al día siguiente, con la ayuda de alguno de la caravana, volver a poner todo el orden.

Nadie dudaba que el 2 caballos, seguiría rodando, y así fue.

Itinerario original
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Nuestro itinerario

Conocimos las playas de San Antonio Oeste, Las Grutas, Puerto Madryn, Península de Valdez (Isla de los pájaros, los elefantes marinos en Punta Norte y Puerto Pirámides), el Bosque Petrificado en Santa Cruz, La Isla de los Pingüinos en Rio Gallegos, cruzamos el Estrecho de Magallanes, vimos los Canales Fueguinos, recorrimos Tierra del Fuego, también el Lago Argentino con el Ventisquero Moreno (con su masa de 400 km2).

Luego fuimos a Esquel, al Bolsón, en este punto nuestro Citroën tuvo 2 problemas, el primero, su chasis que se había partido y los mecánicos dijeron que no aguantaría el cruce de la Cordillera, y además uno de sus conductores (yo) había perdido todo el dinero que llevábamos, por lo cual recibiendo gasolina y comida de almas piadosas pudimos regresar a Buenos Aires luego de casi 10 días.

En el trayecto de regreso, dormimos en hospitales y casas de buena gente.

Muchas estaciones de servicio, nos regalaron gasolina. Como yo había perdido el dinero, era el encargado “de pasar la gorra”.

Pero la Patagonia tiene de todo, menos estaciones de servicio, y cuando se nos acabó la gasolina, debimos dejar el auto sobre la ruta, ¿Dónde si no?

Baje a ver como crecía el pasto y Edgardo se quedó adentro, pasaron horas, lo que no pasaba eran autos.

El único que pasó, fue un auto que no freno a tiempo, o quizás su conductor estaría distraído y nos chocó desde atrás, el auto dio un salto y se deslizó por el campo. Cuando pudimos volver a ponerlo en la ruta, lo atamos a nuestro amigo chocador que nos remolcó.

El resto de la caravana siguió a Bariloche, cruzó la Cordillera por Puyehue, y en Chile recorrieron Osorno, Valdivia, Concepción, Santiago, Viña del Mar y Valparaíso.

Luego volvieron a cruzar la cordillera a 4000 metros sobre el nivel del mar y vía Mendoza, regresaron a Buenos Aires.

continua en https://onlybook.es/blog/viaje-al-fin-del-mundo-5ta-parte/

Viaje al Fin del Mundo

Tierra del Fuego

1ª parte https://onlybook.es/blog/viaje-al-fin-del-mundo-1a-parte/

2ª parte https://onlybook.es/blog/viaje-al-fin-del-mundo-2a-parte/

3ª parte https://onlybook.es/blog/viaje-al-fin-del-mundo-3a-parte/

4ª parte https://onlybook.es/blog/viaje-al-fin-del-mundo-4a-parte/

5ª parte https://onlybook.es/blog/viaje-al-fin-del-mundo-5ta-parte/

6ª parte https://onlybook.es/blog/viaje-al-fin-del-mundo-5ta-parte-eduardo-vivaldi/

7ª parte https://onlybook.es/blog/viaje-al-fin-del-mundo-7ma-parte-popper/

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Arq. Hugo Alberto Kliczkowski Juritz

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Salvemos al Parador Ariston de su ruina

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Salvemos al Parador Ariston de su ruina

Leer es como soñar mirando letras. 1a parte. Librerías en Paris. (MB)

Shakespeare and Company

Shakespeare and Company, rue de l’Odéon, París, ca. 1920. La librería fundada por Sylvia Beach poco después de su apertura, en los primeros años de la posguerra

Este artículo trata más de libreros que de librerías, aunque no sabría explicar con certeza cuál de los dos va primero. Intuyo, más bien, que van juntos. Entrar en una librería tiene tanto encanto —o habría que decir tantos encantos— como librerías existen, siempre que en ellas haya, al menos, un librero.

Analizar la librería Shakespeare & Company va de eso: de libros, de libreros y de librerías. Tanto es así que la librería de Sylvia Beach no es la librería de George Whitman, aunque lo es de muchas maneras; continuidades, ecos y apropiaciones que intento esbozar a lo largo del artículo.
Creo que lo hubiera sido incluso si George no hubiera conservado el mismo nombre Shakespeare & Company.

Es una mesa cultural de cuatro patas, que comienza en 1919 y llega hasta hoy: Adrienne Monnier, Sylvia Beach, George Whitman y Sylvia Whitman.
Un hilo cultural, un continuum de inteligencia emocional puesto en algo precioso, ya que de libros hablamos.

Hace muchos años, en la Buchmesse, la feria del libro de Frankfurt, un colega me dijo «que los editores cambian su sangre por tinta», y que ese gesto es irreversible. Por eso pienso que esta es también una historia coral, de libros, de libreros y de librerías. Y de editores. Y de autores. Y de traductores. Y de lectores. Y, finalmente, de amores y de pasiones, y de espacios donde el espíritu encuentra su lugar bajo la forma de letras. Tal vez por eso ésta sea, en el fondo, una historia coral: de libros, de libreros, de librerías y de editores. De autores, de traductores y de lectores

En un mundo tan amazonado —y no es una metáfora— escribir sobre esto es, también, una forma de catarsis. Recuerdo lo que me dijo mi nietito Moon; tendría quizá cuatro años.
Yo le leía en la cama, él apoyaba su cabeza sobre mi pecho, y yo le leía en voz alta, no recuerdo que libro, le leía muchos.
De pronto, dejé de leer y le pregunté,

– Moon, a vos ti gusta mucho que te lea. ¿Por qué?
Y me respondió con la frase más preciosa que he escuchado sobre la lectura,
Porque leer es como soñar mirando letras.

Sylvia Beach
La librería Shakespeare and Company fue fundada el 19 de noviembre de 1919. Ha sido —y sigue siendo— una librería independiente y una biblioteca especializada en literatura anglosajona, situada en el quinto distrito de París.

Sylvia Beach

En el número 12 de la rue de l’Odéon, Sylvia Beach dirigió la librería Shakespeare and Company entre 1919 y 1941. Por iniciativa y méritos propios, el local se convirtió en el centro de la cultura literaria anglo-americana en París durante el período de entreguerras. Fue un punto de encuentro habitual de escritores estadounidenses expatriados conocidos como la “Generación Perdida”, denominación atribuida a la escritora de novelas, poesía y teatro Gertrude Stein (1874–1946) y popularizada por Ernest Hemingway, escritor y periodista (1899–1961) que lo utilizó en el epígrafe de su novela “Fiesta”, (The Sun Also Rises, 1926), “Todos vosotros sois una generación perdida «You are all a lost generation». Shakespeare and Company funcionó también como biblioteca de préstamo, algo inusual en París en ese momento.

Editorial Beat. 18 de Abril de 2021. 288 pp. 14 x 20,8. Textos en italiano. Prólogo de Livia Manera. Traduccion de Elena Spagnol Vaccari 

André Maurois fue uno de los primeros en felicitar a la librería recién nacida, llevando un ejemplar de su pequeña obra maestra recién publicada Les silences du colonel Bramble (1918), libro que contribuyó decisivamente a su reconocimiento literario. Ezra Pound, que se había trasladado desde Inglaterra a París con su esposa Dorothy Shakespear, se convirtió pronto en cliente habitual de la librería, participando activamente en su red de intercambios literarios y en la difusión de autores modernistas anglosajones en el París de posguerra.

“Shakespeare and Company, es un libro brillante, lleno de anécdotas y antecedentes sobre las vidas de los escritores famosos de París de los años veinte y treinta”. Es la referencia estadounidense en París, Gertrude Stein, con la inseparable Alice B. Toklas”.

Editorial Il Saggiatore

Editorial Il Saggiatore. 1 de Junio 2004. 559 pp 14.5 x 21.5 cm. Textos en italiano. Autora Noel Riley Fitch, (historiadora y biógrafa estadounidense), traductores Tina D’Agostini y M. Fiorini.

“A veces sucede, por casualidad o quizás por un destino inescrutable, que las mejores mentes de una época se concentren en un solo lugar, convirtiéndolo en el centro del mundo. En los años veinte y treinta del siglo XX este lugar fue París,».

«el mejor lugar para ser joven, la ciudad ideal para «vivir como genios».

«James Joyce, mientras buscaba editor para la novela monumental que estaba concluyendo —Ulysses—, encontró su principal punto de apoyo en una pequeña librería de la rue de l’Odéon, Shakespeare and Company. El local había sido fundado en 1919 por una joven estadounidense llegada a la Ville Lumière en 1916, profundamente comprometida con la literatura contemporánea y con la promoción de nuevos autores, Sylvia Beach. Ella intuyó el genio de James Joyce y publicó su obra capital, Ulysses (1922), rechazada previamente por numerosos editores anglosajones, que la habían calificado de “incomprensible” y “obscena” a causa de la censura vigente en Estados Unidos y el Reino Unido. Pero Sylvia Beach fue para Joyce mucho más que una editora: durante casi una década se convirtió en su principal sostén, brindándole apoyo material y moral, adelantándole dinero, organizando suscripciones, gestionando contactos editoriales y defendiendo la obra ante lectores y críticos en un contexto de abierta hostilidad institucional». Paráfrasis de las ideas que Fitch desarrolla en su biografía Sylvia Beach e la libreria Shakespeare and Company.

El título L’Ulisse corresponde a traducciones italianas posteriores; la edición original publicada por Beach apareció en inglés, en París, el 2 de febrero de 1922.

Sylvia Beach (nacida Nancy Woodbridge Beach, Baltimore, 14 de marzo de 1887 – 5 de octubre de 1962, Paris) fue hija de un pastor presbiteriano. Pasó su infancia entre Baltimore y distintas localidades de Maryland, siguiendo los destinos pastorales de su padre. En 1901, la familia se trasladó a París cuando su padre fue nombrado pastor de la The American Church in Paris. Posteriormente, Beach residió aproximadamente dos años en España. Durante la década de 1910 colaboró con la Cruz Roja y trabajó para la International Commission on the Balkan Wars, importante experiencia para su formación internacional.
En 1916 se muda a París, para dedicarse plenamente al ámbito literario.

Who is Sylvia? – Jot Down Cultural Magazine

Su biógrafa, Noel Riley Fitch, la definió como “la comadrona del modernismo” (midwife of modernism), en alusión a su papel decisivo en el surgimiento y la consolidación de la literatura modernista anglosajona. Fue una sufragista comprometida y mostró un interés activo por los movimientos sociales y políticos de su tiempo. Viajó a España, donde entró en contacto directo con corrientes libertarias y reformistas, experiencia que influyó en su formación intelectual.

Ya en París, se vinculó estrechamente con la librera y editora francesa Adrienne Monnier (1892 – 1955), su compañera sentimental y aliada intelectual. No abrieron una librería juntas: Monnier dirigía La Maison des Amis des Livres y, a su lado, Beach fundó Shakespeare and Company. La proximidad física y la colaboración entre ambas crearon un polo literario único en la rue de l’Odéon.

Su primer local fue sobre Dupuytren, una calle pequeña y empinada a la vuelta de la esquina de la calle del Odeón. (1)

Adrienne Monnier (2)

Adrienne Monnier (París, 1892–1955 Ibíd) creció en un entorno familiar marcado por una educación rígida. Su padre, de convicciones religiosas protestantes — cercanas al presbiterianismo—, y una madre que fomentó en ella una educación severa y restrictiva, contribuyeron a una formación basada en la disciplina moral y en una actitud de reserva frente a las relaciones con los hombres.

Tras completar sus estudios básicos en 1909, Adrienne Monnier se trasladó a Londres para aprender inglés, donde trabajó como au pair. En 1912, con veinte años, trabaja en la editorial L’Université des Annales, donde permanece aproximadamente tres años, lo que le permitió establecer contactos con otros editores y familiarizarse con el funcionamiento del mundo editorial parisino. Con el apoyo económico de su padre, que le entrega los 10.000 francos que había recibido como indemnización tras padecer un accidente ferroviario, pudo adquirir un local donde inicia su actividad como librera.
En esa época fue cuando Adrienne y Sylvia se conocieron.

Sylvia Beach describió así a quien sería su amiga, aliada intelectual y compañera sentimental durante más de diecisiete años, «Adrienne Monnier era una mujer robusta, rubia y blanca como una mujer escandinava, de mejillas sonrosadas y el pelo lacio peinado hacia atrás desde la frente. Sus ojos eran muy llamativos, de un azul gris indefinido, ligeramente saltones…»

Adrienne Monnier convivía entonces con su pareja, Suzanne Bonnière, hasta que aparece en su vida Sylvia Beach. El 15 de noviembre de 1915, Monnier abrió su librería y biblioteca de préstamo, «La Maison des Amis des Livres», en el 7, rue de l’Odéon, París (VI arrondissement). Fue una de las primeras mujeres en Francia en fundar y dirigir una librería independiente, concebida desde el inicio como espacio de lectura, préstamo y debate literario. (3)

El modelo híbrido de librería + biblioteca de préstamo, fue decisivo para atraer a lectores jóvenes y a escritores contemporáneos, que, pocos años después, se consolidaría con la llegada de Shakespeare and Company.

Adrienne la presenta como  “…una librería sin pinta alguna de tienda, sin que fuese nuestra intención; no podíamos ni imaginar que con el tiempo nos alabarían tanto por lo que a nosotras nos parecía precariedad e improvisación”. (4) .
Sus colaboradoras fueron su pareja Suzanne Bonnierre y la ayuda de Hélène para hacer los recados. «La Maison des Amis des Livres» fue el corazón del Paris más literario.

Las dos librerías, La Maison des Amis des Livres y Shakespeare and Company, se encontraban en la rue de l’Odéon, una frente a la otra, en el corazón del VI arrondissement de París. Ambas compartían intereses literarios afines y funcionaron de manera complementaria, articulando un espacio único de intercambio entre la literatura francesa y angloamericana. Adrienne Monnier y Sylvia Beach mantuvieron una relación sentimental y profesional estable durante muchos años y convivieron durante un largo período en el apartamento de Monnier, situado en el n.º 18 de la rue de l’Odéon.

En su libro Rue de l’Odéon Adrienne cuenta sobre su actividad:
“(…nuestra primera idea era —y sigue siéndolo— que el verdadero comercio de la librería englobara no solo la venta, sino también el préstamo, y que ambas operaciones se ejerciesen en paralelo. Resulta casi inconcebible comprar una obra sin conocerla. Expreso un sentimiento general cuando afirmo que toda persona de cierta cultura experimenta la necesidad de tener una biblioteca particular compuesta por libros que le gustan, que tiene por amigos buenos y fieles”.

Siempre le faltó espacio para tener los libros que deseaba tener, lo decía así: “El gran drama de una librera es la falta de espacio. Año tras año se van acumulando los libros. Año tras año se hace necesario descubrir un nuevo rincón donde poner otra estantería. Y comprendes también que, aunque te fuese dada la tierra entera, te faltaría espacio. El espacio vital… ¡no es más que un mito!”.

Revistas literarias como Vers et prose, Littérature
La venta de revistas literarias fue una parte importante de su aporte a la vida cultural parisina. El poeta Paul Fort (1872–1960) le vendió las existencias completas de su revista Vers et prose, una de las publicaciones literarias más influyentes de comienzos del siglo XX. Fort había fundado Vers et prose en 1905, en colaboración con Guillaume Apollinaire (nacido Wilhelm Albert Włodzimierz Apolinary de Kostrowicki, Roma, 1880 – 1918 París). Ambos fueron visitantes habituales de la librería, que funcionó también como punto de difusión de revistas y publicaciones periódicas de vanguardia.
Era habitual encontrar al poeta y novelista Louis Aragon (Paris 1897 – 1982 Ibíd), al escritor, poeta y teórico del surrealismo André Breton ( Tinchebray 1896 – 1966 Paris) o al escritor e impulsor del dadaísmo Philippe Soupault (Chaville 1897 – 1990 Paris).

André Breton (Tinchebray, 1896 – París, 1966), Louis Aragon (París, 1897 – París, 1982) y Philippe Soupault (Chaville, 1897 – París, 1990) fundaron en 1919 la revista Littérature, que tuvo una existencia breve (1919–1921), pero fue decisiva en el pasaje del dadaísmo al surrealismo en la vanguardia literaria francesa.

Adrienne Monnier

Adrienne en su libro Rue de l’Odeon describe a André Breton:
“…tenía claramente el tipo arcangelical, como T.S.Eliot, con quien no guarda más semejanzas que pertenecer a esa familia de figuras que vemos erigirse en los pórticos de las catedrales”. ​ 

Otros autores frecuentaban la librería, entre ellos Jules Romains (nacido Louis Henri Jean Farigoule, Saint-Julien-Chapteil, 1885 – París, 1972), la joven novelista Raymonde Linossier (Lyon, 1897 – 1930), el diplomático y poeta Paul Claudel (nacido Paul Louis Charles Marie Claudel, Villeneuve-sur-Fère, 1868 – París, 1955), y el filósofo y ensayista Walter Benjamin (nacido Walter Bendix Schönflies Benjamin, Berlín, 1892 – Portbou, 1940), quien utilizó ocasionalmente los seudónimos Benedix Schönflies y Detlef Holz.

En julio de 1940, Walter Benjamin, desde Lourdes, donde se encontraba en plena huida tras la ocupación alemana de Francia —dos meses antes de suicidarse en Portbou—, escribió a Adrienne Monnier una carta que concluía:
“… me encuentro con usted no solo cuando pienso en París y en la Rue de l’Odéon –que quisiera encomendar a la más poderosa y menos solicitada de las divinidades protectoras–, sino también en muchas de las encrucijadas de mi mente. Me despido de usted expresándole mi más profundo afecto”. ​

Deseo enfatizar que La maison des amis des livres se había convertido en punto de reunión y encuentro de la vanguardia literaria francesa.
Allí convergían el poeta y ensayista Léon-Paul Fargue (1876 – 1947), el escritor, poeta, ensayista y filósofo Paul Valéry (nacido Ambroise Paul Toussaint Jules Valéry, Sète, 1871 – 1945 París), el poeta y novelista Jules Romains (nacido Louis Henri Jean Farigoule, Saint-Julien-Chapteil, 1885 – 1972 París), y el diplomático y poeta Paul Claudel (nacido Paul Louis Charles Marie Claudel, Villeneuve-sur-Fère, 1868 – 1955 París), hermano de la escultora Camille Claudel.

En la rue de l’Odéon coincidían tres generaciones literarias: los simbolistas tardíos, representados por figuras como Paul Valéry y Léon-Paul Fargue, quienes prolongaban una poesía de introspección y rigor formal; los unanimistas y escritores de transición, como Jules Romains, que buscaban una conciencia colectiva, asi como un puente entre tradición y modernidad; y una nueva vanguardia que desembocaría en el dadaísmo, que negaba radicalmente el sentido y las formas heredadas, y el surrealismo, articulada en torno a André Breton, Louis Aragon y Philippe Soupault, quienes exploraban el inconsciente como nuevo territorio de creación.
Esa superposición convirtió a las librerías de Monnier y Beach en un espacio único de tradición y ruptura.

La Maison des Amis des Livres permaneció abierta durante treinta y seis años, atendiendo a un público exigente, cercano a la polémica intelectual y a la experimentación literaria. En 1951, Adrienne Monnier se vió obligada a jubilarse, ya que un reumatismo infeccioso le impedía continuar con su actividad cotidiana al frente de la librería.

Su enfermedad, el síndrome de Ménière, afectaba sin piedad su oído izquierdo. Los dolores se intensificaban, los zumbidos se volvían cada vez más insoportables y las migrañas más acusadas, en el marco de una dolencia inflexible ante cualquier tipo de tratamiento.

No puede aguantarlo más y toma la drástica decisión de poner fin a su vida, ese 19 de Junio de 1955 con 62 años deja escrito:
“…pongo fin a mis días al no poder soportar más los ruidos que me martirizan desde hace ocho meses, por no hablar de los sufrimientos y fatigas que he padecido en los últimos años. Me encamino a la muerte sin miedo, sabiendo que aquí me encontré una madre al nacer y que me encontraré una madre en la otra vida”.

Tuvo una influencia decisiva en el grupo de intelectuales que se formó a su alrededor. Muchos la recordaron con afecto y gratitud. Jacques Prévert le dedicó el poema La tienda de Adrienne, el poema no es solo un homenaje personal, sino una síntesis poética del papel cultural que desempeñó Monnier: la librería como espacio vivo, hospitalario y central en la vida intelectual del París de entreguerras. en el que evocó así su librería y su figura:

«Una tienda, un pequeño establecimiento, una barraca de feria, un templo, un iglú, los bastidores de un teatro, un museo de cera y de sueños, un salón de lectura y, a veces, simple y llanamente una librería con libros para vender o prestar y devolver y clientes, los amigos de los libros, llegados para hojearlos, para comprarlos, para llevárselos. Y para leerlos. […]
Adrienne, antes de cerrar la tienda, a solas con sus libros, como se sonríe a los ángeles, les sonreía. Los libros, como diablillos buenos, le devolvían la sonrisa. Conservaba esa sonrisa y se iba. Y esa sonrisa iluminaba toda la calle, la rue de l’Odéon, la calle de Adrienne Monnier…»

El escritor, periodista, editor y critico literario Pascal Pia (París, 1903 – 1979 París) (5) comentó:
Adrienne Monnier se ha ido con la discreción que la caracterizaba, rodeando su fin de tanto silencio y pudor que aún hoy muchos de sus amigos la creen ausente sin más de la Rue de l’Odéon, en uno de esos viajes que hacía en verano a sus pastos alpinos”. Pascal Pia hace referencia a Les Déserts, en Saboya, la aldea de su madre, donde pasaba sus veranos.

Yves Bonnefoy evocaba así su experiencia en la librería: «¿Fue realmente el azar lo que me hizo entrar por primera vez en la tienda? ¿Había, a comienzos de 1944, muchos libreros que ofrecieran en sus vitrinas a Lautréamont, Rimbaud, Artaud, Daumal, los surrealistas…? Como la mayoría de los jóvenes sedientos de poesía, también yo acudía por necesidad a aquel lugar donde la señora vestida de gris, de azul —grandes faldas de colores inmemoriales— era mucho más que la encargada. […] Fue la conciencia de las letras».
La libreria no fue solo un espacio de difusión, sino una instancia de formación iniciática, para una generación de lectores y poetas en los años finales de la ocupación.

Sylvia Beach y Adrienne Monnier

Sylvia y Adrienne en la casa de campo de la familia Monnier en La Savoie

Sylvia Beach tenía un sueño, y con la ayuda y el asesoramiento de Adrienne Monnier, pudo abrir una librería estadounidense en París, donde los alquileres y el costo de vida resultaban sensiblemente más bajos que en Estados Unidos en la posguerra. Sin el modelo previo de La Maison des Amis des Livres, la librería de Sylvia, Shakespeare and Company, no habría existido: tanto en su concepción como en su funcionamiento.

Adrienne Monnier enseñó a Sylvia Beach a llevar el negocio y a resolver las dificultades derivadas de la burocracia francesa; Sylvia recurrió a ella de manera constante para consultar decisiones prácticas y estratégicas. Ambas formaron parte esencial del prestigio literario y cultural de la Rive Gauche, contribuyendo a consolidarla como uno de los grandes focos intelectuales.

El pintor y litógrafo Charles Winzer (1886–1940), amigo cercano de Adrienne, realizó el cartel con el retrato de Shakespeare que identificó visualmente la librería.

Revistas literarias como New Republic, Egoist, The Nation, Little Review, Nouvelle Revue Française,  Le Navire d’Argent, Gazette des Amis des Libres

La librería comenzó a poblarse de libros llegados desde Inglaterra y desde Estados Unidos. No solo libros: también revistas como The New Republic, The Egoist, The Nation o The Little Review. Las paredes se decoraron con verdaderos tesoros fotográficos: Walt Whitman, Edgar Allan Poe, Oscar Wilde envuelto en su capa de terciopelo, y muchas otras imágenes, entre ellas algunas de Man Ray (Emmanuel Radnitzky, 1890–1976), artista dadá en plena transición hacia el surrealismo.

«La librería no lleva ni una semana abierta y, sin embargo, ya funciona como un punto de encuentro. Los amigos llegan sin anunciarse, se cruzan, se quedan». «Aparece la pandilla del poeta Léon-Paul Fargue (1876–1947), uno de los fundadores de la Nouvelle Revue Française, acompañado por su inseparable amigo Gaston Gallimard. Se suma el escritor y crítico Valery Nicolas Larbaud (1881–1957), y también Paul Valéry, con quien queda pendiente una visita: promete ir a su casa para ver, por fin, los Degas, los Manet y los Renoir que cuelgan de sus paredes y de los que tanto le ha hablado, sin olvidar los Berthe Morisot, la célebre abuela de su mujer». «La librería respira así, desde el primer día, como un salón abierto: libros, voces, amistades y promesas de visitas futuras». «También André Gide (París, 1869–1951), inconfundible con su sombrero Stetson de ala ancha y el cigarro siempre encendido, cuya sola entrada basta para imponer un silencio momentáneo antes de que la conversación retome su curso».

Adrienne Monnier, con la colaboración de Sylvia Beach y con el escritor y periodista Jean Prévost (1901–1944) como secretario de redacción, edita la revista Le Navire d’Argent, de aparición mensual. Cuando escribía, Adrienne utilizaba el seudónimo J. M. Sollier. En sus páginas expresaban, sin concesiones, un mismo amor por las letras: publicaban autores respetados por ambas, con una sola condición, estricta e innegociable —la calidad literaria.

Uno de los nombres que iniciaron allí su trayectoria fue Antoine de Saint-Exupéry (nacido Antoine Marie Jean-Baptiste Roger, conde de Saint-Exupéry; Lyon, 1900 – 1944 Mediterráneo), autor de El Principito. En 1926, la revista Le Navire d’Argent publicó su primer relato, El aviador, un texto en el que volcaba sus experiencias de vuelo con una prosa ya profunda, contenida y rica en matices, donde la técnica y la emoción comenzaban a fundirse.

Sobre El Principito y Saint-Exupéry ver https://onlybook.es/blog/el-principio-de-el-principito/

Al cabo de un año dejó de editarse —no era rentable—, pero su huella fue profunda: en ese breve lapso, Le Navire d’Argent logró influir decisivamente en la escena literaria y abrir camino a una generación de autores que apenas comenzaba a hacerse oír.

Al cabo de un tiempo fue sustituida por la Gazette des Amis des Livres, de vida breve pero intensa: apareció entre enero de 1938 y mayo de 1940 y, si se consideran los autores publicados y la calidad de sus contenidos, ocupó un lugar destacado en la escena literaria del período. También estuvo dirigida por Adrienne Monnier, su exigencia editorial no admitía concesiones.
La Gazette des Amis des Livres cesa, cuando la guerra impuso su interrupción abrupta y definitiva. Con ella se cerraba no solo una revista, sino un modo de entender la edición como espacio de libertad intelectual y exigencia estética, aún en el umbral del silencio, la literatura seguía siendo un acto de resistencia.

En París, en esos años, existían otros salones como el taller Lyre et Palette, donde se reunían algunos de los grandes fauves del momento, junto a escritores y músicos. Por allí pasaban figuras como Maurice Ravel (Ciboure, 1875 – 1937, París) y Claude Debussy (Saint-Germain-en-Laye, 1862 – 1918, París), en un clima donde pintura, literatura y música se cruzaban sin jerarquías, alimentándose mutuamente.
Así como Georges Auric (Lodève, 1899 – 1983, París), Darius Milhaud (Marsella, 1892 – 1974, Ginebra) o Arthur Honegger (Le Havre, 1892 – 1955, París), y pintores como Pablo Ruiz Picasso (Málaga, 1881 – 1973. Mougins), Henri Matisse (Le Cateau-Cambrésis, 1869 – 1954, Niza), Amedeo Modigliani (Livorno, 1884 – 1920, París) o Gino Severini (Cortona, 1883 – 1966, París), junto a André Derain (Chatou, 1880 – 1954, Garches), Maurice de Vlaminck (París, 1876 – 1958, Rueil-la-Gadelière), Raoul Dufy (Le Havre, 1877 – 1953, Forcalquier), Albert Marquet (Burdeos, 1875 – 1947, París) y Georges Braque (Argenteuil, 1882 – 1963, París).

En el París de las primeras décadas del siglo XX, además de Lyre et Palette, existía una densa red de salones y espacios de encuentro como el Salon de Gertrude Stein, el Salon de Natalie Clifford Barney, los grandes salones públicos del Salon d’Automne y el Salon des Indépendants, así como espacios más informales pero decisivos —La Closerie des Lilas, el Bateau-Lavoir, La Rotonde o Le Dôme Café— que prolongaban en la conversación nocturna lo iniciado en talleres y librerías; y, en otros salones, como Art et Action, era posible escuchar composiciones de Francis Poulenc (1899 – 1963). y asistir a representaciones teatrales, un ambiente donde la música y la escena se entrelazaban.

Termina la relación de Adrienne y Sylvia

La relación entre Adrienne Monnier y Sylvia Beach concluyó en 1937, año en que Sylvia viajó por primera vez a Estados Unidos. A su regreso descubrió que su lugar había sido ocupado por la fotógrafa alemana Gisèle Freund (Schöneberg, 1908 – París, 2000). Sylvia se trasladó entonces al altillo de su librería, poniendo fin así a una vida compartida que había sido también una de las alianzas culturales más fecundas del París literario.

En su libro, minucioso en el relato y atento al detalle, hay sin embargo una omisión significativa: Adrienne Monnier apenas menciona a Sylvia Beach en un solo párrafo.
Leído hoy, este retrato —el único que Adrienne Monnier dedica a Sylvia Beach— resulta tan vívido como revelador: la intensidad de la descripción contrasta con el silencio posterior, como si toda una vida compartida hubiera quedado condensada en ese único gesto de memoria.

Escribe «También estaba Sylvia Beach. Esta joven estadounidense lucía un rostro original, de lo más atractivo. Hablaba francés con soltura, con un acento más inglés que americano. A decir verdad, no se trataba tanto de un acento como de una forma enérgica e incisiva de pronunciar las palabras; al escucharla no pensabas en un país, pensabas en una raza, en el carácter de una raza. En la conversación no vacilaba ni se detenía, nunca le faltaban las palabras, aunque llegado el caso se las inventaba a sabiendas… En definitiva, esta joven americana tenía mucho humor; mejor dicho: era el humor en persona… llevaba el pelo corto, y yo me lo corté al poco tiempo».

Poca mención para tanto compartido.

Otros, como el crítico literario y biógrafo Hugh Ford (1916–1978) (6) ofrecieron un retrato muy distinto de Sylvia Beach «Los que llegaban a Shakespeare and Company esperando encontrarse con una rebelde de gustos vanguardistas y lascivos terminaban llevándose la impresión contraria: su compostura y su sensatez se reflejaban hasta en su ropa. Alejada de su entorno bibliófilo, Sylvia podía haber pasado por la secretaria de una multinacional, o por una maestra formal, enérgica y formidable…».

Todos los franceses acaban llegando a la dirección de la librería de Adrienne Monnier o de Sylvia Beach, ya que Shakespeare and Company funciona a la vez como librería de préstamo, club, embajada oficiosa y estafeta postal; a ello se suman los visitantes estadounidenses recién llegados a París, que fijan en la librería de Sylvia su dirección, de modo que sobre la mesa —siempre ocupada— se amontonan decenas de cartas, sobres y paquetes, una actividad incesante que termina por sobrepasar a Sylvia y revela hasta qué punto aquel pequeño espacio se había convertido en un auténtico nodo de la vida literaria.

Es frecuente ver pasar por allí a Sherwood Anderson (Camden, 1876 – 1941, Colón), orgulloso de ver su libro Winesburg, Ohio expuesto en el escaparate, o a Robert McAlmon (Clifton, 1895 – 1956, Desert Hot Springs). También aparece el poeta Ezra Pound, que se jacta de ser un buen carpintero — «zapatero a tus zapatos», suele decirle James Joyce— mientras golpea con un martillo una vieja silla comprada en el mercado de las pulgas.

Gertrude Stein (Allegheny, 1874 – 1946, Paris) otra de las nuevas suscriptoras, aparece junto a su inseparable compañera y confidente Alice B. Toklas (San Francisco, 1877 – 1967, París). Los llamaba suscriptores porque Shakespeare and Company no funcionaba como una librería convencional, sino como una librería de préstamo: los lectores —entre ellos James Joyce— pagaban una cuota periódica que les daba derecho a retirar libros, y Sylvia Beach los registraba como miembros de un club más que como simples clientes, de modo que la suscripción no solo sostenía económicamente el lugar, sino que sellaba la pertenencia a una comunidad literaria.

Otro de los suscriptores es James Joyce: Sylvia Beach anota en su cuaderno, con precisión casi administrativa, «James Joyce; calle de l’Assomption, 5, París; suscripción por un mes, siete francos», una línea escueta que lo inscribe, como a tantos otros, en la vida cotidiana de la librería.

Sylvia con Hemingway y colaboradoras ante Shakespeare and Company, París, ca. 1928

De Ernest Hemingway decía Sylvia Beach que era «el mejor de mis clientes». Así recuerda su llegada a la librería en sus memorias:

«Al levantar la cabeza vi a un hombre alto y moreno, con un pequeño bigote, a quien oí decir en voz muy grave y profunda que era Ernest Hemingway. Le invité a sentarse y, en respuesta a mis preguntas, me informó de que era de Chicago. También supe que había pasado dos años en un hospital militar recuperando el movimiento de su pierna. ¿Y qué le había pasado a su pierna? Bueno, casi tan compungido como un niño, me confesó que había combatido en Italia y le habían herido en la rodilla. ¿Le gustaría ver las heridas? Por supuesto que sí. De esta forma se interrumpió todo el trabajo en Shakespeare and Company mientras se sacaba el zapato y el calcetín y me enseñaba las terribles cicatrices que cubrían la pierna y el pie…»

Shakespeare and Company fue una singular mezcla de librería y biblioteca, frecuentada sobre todo por mujeres deseosas de emanciparse intelectualmente en una época en la que la lectura aún se consideraba un peligro para su género. Entre ellas se encontraban Simone de Beauvoir (París, 1908 – 1986, ibíd.) y Virginia Woolf (Londres, 1882 – 1941, Lewes); gracias a las fichas de préstamo conservadas sabemos que ambas buscaban allí libros difíciles de conseguir, como los de William Faulkner, confirmando el papel de la librería como refugio, laboratorio y puerta de acceso a una literatura todavía marginal en Europa.
Para lectoras como Simone de Beauvoir y Virginia Woolf, Shakespeare and Company ofrecía algo más que acceso a libros raros: era una biblioteca viva de la modernidad, donde podían leer sin mediaciones ni censura a autores aún difíciles de conseguir en Europa, como William Faulkner, Ernest Hemingway, F. Scott Fitzgerald, Gertrude Stein o John Dos Passos; ese acceso ampliaba su horizonte intelectual y confirmaba la lectura como práctica autónoma, con consecuencias directas en su pensamiento y en su escritura, la librería fue también un espacio de afirmación personal y de emancipación.

Muchas de ellas se conocieron gracias a Sylvia Beach, que actuó como mediadora silenciosa entre tradiciones, lenguas y continentes; entre esos cruces figura el de Victoria Ocampo (Buenos Aires, 1890 – 1979, Béccar) y Virginia Woolf (Londres, 1882 – 1941, Lewes) aunque en este caso de forma indirecta, ya que Victoria conoció primero a Virginia a través de su escritura, en el ámbito del Bloomsbury Group, antes de que ese vínculo literario se transformara en relación personal y encontrara proyección en América Latina a través de la revista Sur, donde Victoria Ocampo desempeñó un papel decisivo en la difusión de Woolf y del pensamiento moderno anglosajón.

La primera vez fue en París, cuando Sylvia Beach tomó Un cuarto propio de la estantería y se lo entregó:
Estoy segura de que usted sueña con este libro.
Y era verdad. Pasaron más de cinco años desde aquel primer encuentro con un libro de Virginia Woolf hasta que Victoria Ocampo pudo finalmente estar frente a la autora, en una exposición de Man Ray. Victoria miró a Virginia con admiración; Virginia miró a Victoria con curiosidad. (7)

Continúa en la 2nda parte https://onlybook.es/blog/leer-es-como-sonar-con-letras-2nda-parte-librerias-en-paris/

Notas

1
http://www.heroinas.net/2018/12/adrienne-monnier-librera-editora-poeta.html

2
Fuentes. -París rinde homenaje a Adrienne Monnier. La Jornada, 22 de noviembre de 2020, suplemento “La Jornada de en medio”.
-Adrienne Monnier (2011). Rue de l’Odéon. Gallo Nero Ediciones. ISBN 9788493856847.
-Adrienne Monnier, Richard McDougall (1996). “The very rich hours of Adrienne Monnier” University of Nebraska Press. ISBN 978-0-8032-8227-8.
-Datos y referencias tomadas del artículo de Bruce Handy (26 de Junio de 2015) en Vanity Fair.

3
http://www.mirales.es/adrienne-monnier-y-sylvia-beach-embajadoras-de-las-letras/
http://smartbitchestrashybooks.com/2015/12/real-life-romance-sylvia-beach-adrienne-monnier/

4
Who is Sylvia? – Jot Down Cultural Magazine

5
Pascal Pia fue un escritor, periodista, editor y crítico literario francés, figura influyente de la vida intelectual parisina de entreguerras y de la posguerra, colaboró con numerosas revistas literarias, fue amigo y lector cercano de Adrienne Monnier, y destacó por su prosa sobria y su atención a la literatura contemporánea. Tras la Segunda Guerra Mundial dirigió el diario Combat, heredero de la prensa de la Resistencia francesa, consolidándose como una voz central del periodismo cultural y político del siglo XX.

6
Hugh Ford fue crítico literario, biógrafo y estudioso de la literatura modernista anglosajona. Se especializó en el entorno de Shakespeare and Company, y dedicó buena parte de su trabajo a documentar la figura de Sylvia Beach, a quien conoció personalmente. Su libro Published in Paris (1975) es una referencia clave para comprender el papel de las editoriales y librerías parisinas en la difusión de la literatura modernista en lengua inglesa durante el período de entreguerras.

7
Andrea Calamari en Jot Down en su artículo “Arisca y frágil: así era Virginia Woolf para Victoria Ocampo

Librerias El Péndulo. Ciudad de México

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Salvemos al Parador Ariston de su ruina

El café Tortoni de Buenos Aires. (MB)

El café Tortoni

El Tortoni, precisamente por haber sido conservado, atraviesa hoy un excelente momento de reconocimiento, prestigio y popularidad. Debemos aceptar, causa sorpresa que nos sorprenda, que resulta admirable que un espacio de estas dimensiones haya sido preservado en pleno centro de Buenos Aires. No faltan motivos para ello. A su enorme valor histórico se suma su relevancia cultural, consolidada a lo largo de más de siglo y medio de existencia. Sobre todo en una ciudad que no se ha distinguido precisamente por respetar y conservar los referentes más representativos de su pasado reciente —del anterior, mejor no hablar—.

Al respecto asocio algunos ejemplos, de esto:
Mi hermano Guillermo, editó en 2010 con la Universidad de Palermo, el libro del Arq. Mario Roberto Álvarez (1913 – 2011) “Cuadernos de Viajes”.

Portada del Tomo I de Mario Roberto Álvarez. Cuadernos de Viaje

El libro corresponde al Tomo I. El fallecimiento del arquitecto impidió la aparición de lo que, sin duda, habría sido un excelente Tomo II.
Durante la preparación de la obra, Guillermo tuvo ocasión de conversar en varias oportunidades con Mario Roberto Alvarez. Me contó que, al comentar un proyecto banal e intrascendente cercano a su estudio, el prestigioso arquitecto le dijo:

—Qué lástima, han perdido la oportunidad de hacer una buena obra de arquitectura.

Alguna vez leí que no debería demolerse una obra si no es para construir, en su lugar, otra igual o mejor.

En la arquitectura, como en las amistades y en los buenos vinos, es el tiempo es el tiempo quien la mejora. Solo entonces pueden deleitarnos plenamente, si sabemos apreciar su esencia.

Cuando visité la Johnson Wax de Frank Lloyd Wright (1867 – 1959) en Racine, y vi los escritorios de trabajo en esa selva de finas columnas bañadas de luz, tenían funcionando, incorporadas  pantallas de ordenador, con teclados y equipos modernos.
Los escritorios eran iguales a cuando fueron diseñados en 1939, su buen diseño, permitió su adecuación a nuevos tiempos.
Lo relaciono con El “Tortoni” que se ha sabido adaptar a los nuevos tiempos, a los turistas, a los habitués y muestra como el edificio de Wright, todo aquello que un buen diseño permite.

Mobiliario diseñado por Frank Lloyd Wright para la Johnson Wax (1936-1939)

El Tortoni, el espíritu de Avenida de Mayo, un puerto de afectos

El café Tortoni es el más antiguo de la Argentina. Fue fundado en 1858 por «Monsieur» Jean Touan en la calle Defensa al 200. Posteriormente se trasladó a la esquina de Esmeralda y Rivadavia, frente a la Asistencia Pública, donde permaneció durante veinte años. Más tarde se instaló en la calle Rivadavia 832 y, finalmente, en su actual ubicación de Rivadavia 826, donde se convirtió en uno de los grandes referentes culturales e históricos de Buenos Aires.

Retrato de Curutchet y su esposa
Ana Artcanthurry

En 1862, Celestino Curutchet (1828–?) , de origen vasco-francés, se casó en Burdeos con Ana Artcanthurry. La madre de Ana residía entonces en Buenos Aires junto a su esposo, Jean Touan. En sus cartas y relatos les transmitía una imagen entusiasta de la ciudad y de las oportunidades que ofrecía. Seducidos por aquella visión de un Buenos Aires próspero y prometedor, Celestino y Ana decidieron emigrar a la Argentina en 1870.

En 1879, Celestino Curutchet, que residía en los altos del café, adquirió el Tortoni y asumió su dirección. Poco después, el intendente Torcuato de Alvear (1822–1890) impulsó un ambicioso proyecto de transformación urbana inspirado en los grandes bulevares abiertos por el Barón Haussmann -Georges-Eugène Haussmann- (1809–1891) en el París del siglo XIX.
Aquellas intervenciones marcaron el inicio de una profunda modernización de Buenos Aires (1). Entre ellas destacó la apertura de la Avenida de Mayo, inaugurada en 1894, que se convirtió en el principal eje monumental de la ciudad y en un símbolo de su aspiración cosmopolita.

Grabado de Paul Renouard, Cafe tortoni 1889

Luego de la apertura de la Avenida de Mayo, el Café Tortoni decidió dotarse de un acceso sobre la nueva arteria. El establecimiento abrió su entrada en el número 825 de la avenida, en el barrio de Montserrat (2), integrándose así al principal eje urbano de la ciudad. La transformación culminó en 1898, cuando Celestino Curutchet encargó al arquitecto Alejandro Christophersen (1866–1946) el diseño de una nueva fachada de inspiración academicista francesa, la misma que, con algunas modificaciones, ha llegado hasta nuestros días.

Tras la apertura de la Avenida de Mayo, se autorizó la colocación de mesas y sillas en las veredas. El 20 de octubre de 1849 el Café Tortoni fue el primero en instalarlas junto al cordón, dejando libre el paso peatonal entre las mesas y la línea municipal. Aquella iniciativa se convertiría en una imagen característica de los cafés porteños.

El edificio que alberga al Café Tortoni fue construido para la familia Unzué como residencia, con locales comerciales en la planta baja y viviendas en los niveles superiores.
El Café Tortoni es, por definición, el café de Buenos Aires. Ningún otro establecimiento ha logrado representar la historia, la cultura y la identidad de la ciudad. Su nombre proviene del célebre Café Tortoni de París, considerado a fines del siglo XIX uno de los cafés más prestigiosos y concurridos de la capital francesa, adoptar aquella denominación era, en cierto modo, vincularse al universo cultural parisino que tanto fascinaba a la sociedad porteña de la época.

La aristocracia porteña soñaba con París. Importaba su estilo, sus productos y sus costumbres, deseando moldear Buenos Aires a la manera parisina. El Tortoni porteño aspiraba a recrear el espíritu de su homónimo francés, meca de intelectuales, artistas y personalidades destacadas de la vida cultural europea.

Grand Café Tortoni de Paris

Eugene von Guérard. Café Tortoni 1856

Acuarela. Museo Carnavalet – Paris
La popularidad del café alcanzó su apogeo a mediados del siglo XIX. Entre quienes dejaron testimonio de su prestigio y animada vida social se encuentran Honoré de Balzac (1799–1850), Stendhal —Henri Beyle— (1783–1842), Guy de Maupassant (1850–1893) y, más tarde, Marcel Proust (1871–1922).
El Tortoni parisino era un lugar de encuentro para dandis, escritores, artistas, intelectuales y miembros de la alta sociedad, convirtiéndose en uno de los escenarios más representativos de la vida cultural de la capital francesa.
A los financieros de la capital también les gustaba frecuentar el Tortoni por las mañanas, ya que el café se encontraba próximo a la Bolsa de Valores.
El modelo del café italiano, representado en París por el «Tortoni», hundía sus raíces en establecimientos históricos como el «Florian» de Venecia, el «Gambrinus» de Nápoles y el «Greco» de Roma.

El Caffè Florian de Venecia

Estos cafés constituían verdaderos centros de sociabilidad y cultura, donde escritores, artistas, políticos y amantes de la literatura intercambiaban ideas y alimentaban el espíritu creativo que caracterizó al siglo XIX.

Eugene von Guérard. Café Tortoni 1856

Gaëtan Baldisserd Velloni, un veneciano establecido en París, ofrecía un tipo de café que cautivaba a la élite parisina. En invierno servía chocolate caliente, entonces considerado un producto de lujo, y en verano helados italianos.
Su establecimiento, llamado «Le Napolitain», estaba ubicado en la esquina del Boulevard des Italiens y la rue Taitbout, en una París aristocrática y señorial. El negocio no prosperó y Velloni terminó quitándose la vida.
Su primo, Giuseppe Tortoni, tomó su lugar, abandonó la venta ambulante y se dedicó a comercializar los pezzi duri, especialidades napolitanas a base de helado moldeado, leche merengada y «cassata«.
En 1798, se instaló en el 22 de la rue Taibout, y bautizó a su establecimiento “Grand Café Tortoni”. Del prestigio de su «musset» y su «cafe» dan fe los testimonios en obras y recuerdos de muchos escritores.

En el Café Tortoni de París, poeta retratado por Édouard Manet en 1878

Édouard Manet (1832–1883) y Charles Baudelaire (1821–1867), asi como el poeta Henri Rochefort (1831 – 1913) frecuentaban el Tortoni. Era el lugar de encuentro de políticos, intelectuales, estudiantes, dandis —hombres elegantes y refinados— y mujeres de la alta sociedad. También acudían, en ocasiones, cocottes, cortesanas toleradas por las autoridades, y demi-mondaines, término popularizado por la comedia Le Demi-Monde (1855) de Alexandre Dumas hijo (1824–1895). Aquel «semimundo» describía un ámbito social ambiguo, situado entre la respetabilidad burguesa y los márgenes de la sociedad, que reflejaba muchas de las contradicciones de la vida parisina del siglo XIX. “El semimundo es un mundo nebuloso que devuelve una imagen distorsionada del «gran mundo».
La fama del café se acrecentó con las citas de novelistas y viajeros, y la fama de clientes habituales que lo alababan. (4)

¿En que se transformó el Grand café Tortoni?

Cuando cerró definitivamente sus puertas en 1893, pareció el final de una de las instituciones más célebres de la vida parisina.

Más de un siglo después, en el otoño de 2017, el nombre Tortoni volvió a la vida con la apertura de una nueva versión inspirada en el legendario café del Boulevard des Italiens.
Actualmente funciona en el 45 de la rue de Saintonge, Paris 3. en el barrio de Le Marais.

Es una reinterpretación contemporánea del espíritu del antiguo Tortoni, mantiene una oferta de cafés, chocolates, helados y pastelería que evoca la tradición de los grandes cafés europeos. Abre de martes a sábado de 9 a 19 hs y domingos de 11 a 18 hs.(+331 42 72 28 92).

Ramdane Touhami (1974) y Victoire de Taillac, creadores de la marca de cosméticos Buly, tomaron varias decisiones para reinterpretar el espíritu del antiguo Tortoni.
Una de ellas fue dividir el establecimiento en dos espacios.

En la entrada instalaron un dispensario de aire retro, inspirado en la histórica perfumería florentina Santa Maria Novella, donde se presentan y venden los productos cosméticos de Buly.
La cafetería está después de este primer mostrador. 
El telón de fondo es de mármol, carpintería y grandes ramos de flores secas.

Poco y nada del antiguo “Grand Café Tortoni”.

La Peña Literaria

En el café funcionó «La Peña», inaugurada el 25 de mayo de 1926. Durante casi dos décadas, hasta su desaparición en 1943, fue un ámbito fundamental para la promoción de las artes, las letras y la cultura argentina. La iniciativa surgió de Benito Quinquela Martín (1890–1977). Durante un viaje a Francia, mientras frecuentaba el Tortoni de París, concibió la idea de crear en Buenos Aires un espacio similar donde artistas, escritores, músicos e intelectuales pudieran reunirse para intercambiar ideas y disfrutar de la conversación. Así nació La Peña del Tortoni, que pronto se convirtió en uno de los principales centros de la vida cultural porteña.

La Peña había nacido en el café «La Cosechera», ubicado en la esquina de Perú y Avenida de Mayo, y más tarde se trasladó al «Tortoni».
Con el paso del tiempo, las reuniones crecieron tanto que el espacio resultó insuficiente, entonces Celestino Curutchet puso a disposición la antigua bodega de vinos del café y trasladó la vinería a otro sector del edificio.
De este modo, la sede de la Agrupación Gente de Artes y Letras contó con un ámbito propio donde desarrollar una intensa actividad cultural mediante conciertos, recitales, conferencias, exposiciones y debates.
Por sus mesas pasaron algunas de las figuras más destacadas de la vida artística e intelectual argentina, junto a deportistas y visitantes ilustres llegados de distintas partes del mundo.

Cuando La Peña cerró sus puertas, el producto de la venta de su mobiliario — «entre los que se encontraba un piano Steinway« en el que habían tocado Arthur Rubinstein (1887–1982), Alejandro Brailowsky (1896–1976), Lía Cimaglia Espinosa (1906–1998) y Héctor Panizza (1875–1967)— se destinó a diversas iniciativas culturales. Con esos fondos se adquirió el granito con el que Luis Perlotti (1890–1969) realizó el monumento a Alfonsina Storni en Mar del Plata. También se contribuyó al equipamiento del recreo del Tigre donde había fallecido Leopoldo Lugones (1874–1938) y a la erección de un monumento en memoria de Fernando Fader (1882–1935) en Mendoza.

Horacio Ferrer -Horacio Arturo Ferrer Ezcurra- (1933 – 2014), escritor uruguayo, poeta, historiador del tango y presidente de la Academia Nacional del Tango, que tuvo su sede en el primer piso del Tortoni, dejó una de las definiciones más bellas del café::

“Para el gran Tortoni, puerto de afectos, pandora de historias, dulce de amores en secreto, arco iris de las artes, mágico de porteñísimo, cabal y misterioso de reflexiones, atorado de ensueños, loco, loco de presagios y nostalgias, refugio, nido, eco, tiento y clavija donde el alma mejor afina sentires y pesares”.

El tango “Viejo Tortoni”

Se me hace que el palco llovizna recuerdos,
que allá en la avenida se asoman, tal vez,
bohemios de antaño y que están volviendo
aquellos baluartes del viejo café.

Tortoni de ahora te habita aquel tiempo.
Historia que vive en tu muda pared.
Y un eco cercano de voces que fueron,
se acoda en las mesas, cordial habitué…


Letra de Héctor Negro (1934 – 2015), música de Eladia Blázquez (1931 – 2005) ​ en versión de Susana Rinaldi (1935)

Los protagonistas de la Peña del Café Tortoni (5)

Cuentan que Benito Quinquela Martín organizaba cenas memorables en las que se vestía de marinero. Tras compartir tallarines de distintos colores, la sobremesa culminaba con una singular ceremonia: se entregaba un tornillo a alguno de los artistas invitados, como símbolo de pertenencia y amistad dentro de aquel grupo de creadores.

Se leyó poesía y se estudió el tango en presencia de reconocidos artistas e intelectuales, entre ellos la poetisa y escritora Alfonsina Storni (1892–1938); el poeta y médico rural Baldomero Fernández Moreno (1886–1950) (aprovecho para enviarle un saludo a la también galardonada nieta Inés); el pianista Arthur Rubinstein (1887–1982), nacido en Łódź, Polonia, cuya mención me recuerdan la ciudad donde se crió Luis mi padre; Ricardo Viñes (1875–1943); Carlos Gardel (1890–1935); Roberto Arlt (1900–1942); José Ortega y Gasset (1883–1955); Jorge Luis Borges (1899–1986); Florencio Molina Campos (1891–1959); Lisandro de la Torre (1868–1939); Ernesto Palacio (1900–1979); Marcelo Torcuato de Alvear (1868–1942); Conrado Nalé Roxlo (1898–1971); Antonio Bermúdez Franco (1896–1968); Juan de Dios Filiberto (1885–1964); Carlos Marchal (1905–1996) y Juana de Ibarbourou (1892–1979).

Su fama atraía a conocidas figuras, que deseaban descubrirlo por lo que se los solía ver con cierta frecuencia como: Juan Manuel Fangio, Julio de Caro, Tita Merello, Miguel de Molina, Federico García Lorca. Tuvo otros visitantes ocasionales como Albert Einstein, Hillary Clinton, Juan Carlos de Borbón, entre otros.

En una etapa posterior a la desaparición de La Peña original (1943), junto a Eladia Blázquez (1931–2005) se puede mencionar varias figuras vinculadas al resurgimiento cultural del café y a la actividad de la Academia Nacional del Tango como Horacio Ferrer (1933–2014); Astor Piazzolla (1921–1992); Osvaldo Pugliese (1905–1995); Aníbal Troilo (1914–1975); Roberto Goyeneche (1926–1994); Edmundo Rivero (1911–1986); Mariano Mores (1918–2016); Virginia Luque (1927–2014); Nelly Omar (1911–2013); Susana Rinaldi (1935– ); Ben Molar (1915–2015).

La Peña de El Escarabajo de Oro (6)
Entre 1962 y 1974, en la parte de atrás del “Tortoni” (actual sala Eladia Blázquez), se reunía cada viernes un grupo de jóvenes escritores en torno a figuras algo mayores como Abelardo Castillo y Humberto “Cacho” Constantini.
Los integrantes más constantes de esa Peña fueron los narradores, como Liliana Heker, Isidoro Blastein, Ricardo Emilio Piglia Renzi, Arnaldo Liberman, Julio de Caro, Miguel Ángel Briante, Vicente Battista, Jorge Di Paola, Ramón Plaza, Horacio Salas.
En esas reuniones en el “Tortoni” se concretaron tres revistas emblemáticas “El grillo de papel”, “El escarabajo de oro” y “El ornitorrinco” que fueron decisivas en la dinámica literaria e intelectual argentina de aquellos años.

Refundación del Tortoni (7)

Roberto Fanego formó parte del grupo de veinte empleados del café que reunió el capital necesario para adquirir el establecimiento, integrando la sociedad propietaria con una participación del cinco por ciento cada uno.
Su historia quedó registrada en una serie de publicaciones tituladas Los Cuadernos del Café Tortoni.
Décadas más tarde, el poeta y letrista de tango Cátulo Castillo -Ovidio Cátulo González Castillo- (1906 – 1975) evocó el espíritu del lugar durante una visita realizada en 1973:

«Las luces misteriosas del Tortoni prosiguen alargando los fantasmas bohemios que inventaron un tiempo en Buenos Aires».

La mesa de Gardel
Carlos Gardel (c.1883 – 1935) cantó dos veces en el café, en una de ellas le ha dedicado un tango al autor italiano Luigi Pirandelo luego que éste diera una conferencia en La Bodega.
Durante un tiempo fue habitué del lugar.
Solía ocupar –según testimonio de Enrique Cadícamo- (1900 – 1999), la mesa del costado derecho junto a la ventana entrando por la avenida Rivadavia, donde podía reunirse con amigos sin ser abordado por sus admiradores. ​

El Tortoni hoy

Actualmente el propietario del café es el Touring Club Argentino.
La sala «La Bodega», en el subsuelo, es escenario de diferentes artistas de tango y jazz, desde 1978 toca todos los sábados la “Fénix Jazz Band”.

El grupo recibió en 1995 el Premio Konex de Platino como mejor banda de Jazz de la década en la Argentina. En “La Bodega” se realizan presentaciones de libros y concursos de poesía, tiene además una biblioteca y al fondo, mesas de billar y salones para jugar al dominó y a los dados.
El café conserva la decoración de sus primeros años y la salida por la calle Rivadavia.
El programa de radio “La venganza será terrible”, conducido por el escritor, músico y actor  Alejandro Dolina (1944) se transmitió en vivo desde la bodega del Café “Tortoni” con presencia de público, hasta que por razones de seguridad se ha trasladado al Hotel Bauen.

Antecedentes el Café Izmir (8)

La publicación de Adán Buenosayres en 1948 contribuyó a dar una mayor notoriedad al Café Izmir, aunque el establecimiento ya era ampliamente conocido en los años treinta. Leopoldo Marechal (1900–1970) construyó parte de la geografía sentimental de su novela en torno a cafés y espacios de reunión que frecuentaba, entre ellos el Tortoni y el Izmir.
Fue Jaim Danón quien bautizó al café con el nombre de Izmir, en recuerdo de su ciudad natal, la antigua Esmirna. El establecimiento abrió sus puertas a fines de 1932 en un edificio de inquilinato situado en la calle Gurruchaga 432/436, en el barrio de Villa Crespo.
Lo continuará Rafael Alboger durante el siguiente cuarto de siglo, quien trabajara de lustrabotas en el Café “Tortoni”, en Avenida de Mayo al 800, luego mozo y más tarde maître, al final de los años ´20 y primeros años del ´30, es decir espectador privilegiado de las manifestaciones culturales de la época.

En el barrio convivían representantes de las tres religiones monoteístas, por lo que algunas disquisiciones teológicas eran frecuentes en el “lzmir”, como las del judío Abraham, el musulmán Abdalla y el cristiano Jabil que defendían sus diferencias sobre el Mesías.
«…el café “lzmir” en su momento era tradición, era una reliquia de Buenos Aires, de Villa Crespo. Ahí se sentaba gente grande de nuestra colectividad, iban camino al templo…a tomar un café, también la colectividad armenia, la griega, la musulmana…no había odios…en paz…en aquel tiempo eran todos respetados y amables”.

El “Izmir” ofrecía un ámbito para la magia, el ensueño y la sensualidad a un público casi exclusivamente machista que lo frecuentaban para acortar la distancia entre la Reina del Plata y sus lejanos pueblos de mar.
Entonces se casaban, la ceremonia religiosa, con ritual sefaradí, se iniciaba generalmente a la vuelta, en el Gran Templo de Camargo 875 y algunos mozos del “lzmir” se convertían en «mozos de boda». Y cuando al templo le faltaban hombres para llegar al número mínimo necesario para los rezos (minyám) al primer lugar al que acudían era al café.
Con los cambios sociales y políticos llegaron al “lzmir” las elementales discusiones entre peronistas y antiperonistas; asimismo, los dirigentes de fútbol de Atlanta y Chacarita (clubes de la zona), llevaron al café algunas de sus agitadas reuniones, sobre todo en los prolegómenos de las elecciones politicas.
Bajó definitivamente sus persianas el 9 de octubre de 2000. El “lzmir” figura entre los 39 cafés citados en el libro “Los cafés de Buenos Aires, publicado por la Comisión de Protección y Promoción de los Cafés, Bares y Billares y Confiterías Notables de la Ciudad de Buenos Aires” y entre los 21 citados como emblemas porteños en “La Guía Total de Buenos Aires” de diciembre 2000.

Grupo Martin Fierro o Grupo de Florida y el Grupo Boedo (9)
Ernesto Palacio y Roberto Mariani, deciden, con fines publicitarios, iniciar un “movimiento literario”.
Políticamente hablando uno tomó rumbo a la derecha y el otro derivó a la izquierda. 
Ernesto Palacio argumentaba que en Francia había grupos literarios y entonces, para no ser menos, en Buenos Aires había que hacer lo mismo y que podía servir como publicidad el hecho de que hubiera dos grupos enemigos.
El calificativo de “Florida” correspondió al centro de la ciudad, y el de “Boedo”, al suburbio.

El Grupo de Florida estaba cercano a la redacción de la revista literaria Martín Fierro que estaba en Florida y Tucumán, y acostumbraban reunirse en la confitería “La Richmond” ubicado sobre Florida entre Lavalle y Corrientes, y realizar exposiciones en el café “Tortoni”.
El Grupo de Florida (o también Grupo Martín Fierro) fue un agrupamiento informal de artistas de vanguardia de la Argentina.
Coincidían Ricardo Güiraldes, Jorge Luis Borges, Oliverio Girondo, Pablo Rojas Paz, Pelegrina Pastorino, Norah Lange, Conrado Nalé Roxlo, Raquel Forner, Francisco Luis Bernárdez, Norah Borges, Córdova Iturburu, Macedonio Fernández.

El grupo Boedo (10)

Pertenecía al suburbio, recibieron ese nombre porque uno de sus puntos de confluencia era la Editorial Claridad (11) ubicada en calle Boedo 837, y el café “El Japonés” (12) en Boedo 873. La zona era por entonces eje de uno de los barrios obreros de Buenos Aires.
El grupo se caracterizó por su temática social, sus ideas de izquierda y su deseo de vincularse con los sectores populares y en especial con el movimiento obrero.
El escritor Roberto Arlt, en una entrevista, hablaba sobre el Grupo de Boedo, que  «De las nuevas tendencias que están agrupadas bajo el nombre de Florida, me interesan estos escritores: Amado Villar, que creo encierra un poeta exquisito, Bernárdez, Mallea, Mastronardi, Olivari y Alberto Pinetta. «

Entre sus habituales se encontraban Roberto Arlt, Homero Manzi, Raúl González Tuñón, Cátulo Castillo, Leónidas Barletta, César Tiempo, Álvaro Yunque, Juan de Dios Filiberto, Sebastián Piana, Pedro Maffia, Pedro Láurenz y Guillermo Facio Hebequer, entre muchas otras figuras de la literatura, el periodismo, las artes plásticas y el tango.
Además, el café fue conocido por ser asiduamente visitado por los jugadores, hinchas y directivos del club Huracán cuya cancha se encontraba muy próxima.

¿Que es hoy el Tortoni?
En el diccionario “Tortoni” es un helado a menudo aromatizado con Jerez.
En la actualidad sigue siendo un lugar de difusión cultural y turístico por excelencia, donde se puede pedir habitualmente Chocolate con Churros. (una riquísima taza de chocolate caliente + tres exquisitos y crocantes churros rellenos de dulce de leche y/o bañados en chocolate), o una Picada de jamón, queso, salame, cantimpalo, aceituna y mortadela.
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Notas
1
Entre 1882 y 1885, los edificios que reemplazaron al antiguo Fuerte de Buenos Aires quedaron integrados en la Casa de Gobierno mediante la construcción del arco monumental que los unió. Hacia fines del siglo XIX comenzó la construcción del Palacio del Congreso de la Nación (1896–1906), obra del arquitecto Vittorio Meano (1860–1904). El edificio pasó a constituir uno de los hitos principales de la nueva Avenida de Mayo, configurando junto con la Casa Rosada el gran corredor cívico y eje institucional de desarrollo este-oeste de Buenos Aires. En aquellos años se levantaron también otras obras fundamentales de la ciudad. El Palacio de Tribunales (1905–1942), proyectado por Norbert Maillart (1856–1928); el Teatro Colón (1888–1908), diseñado sucesivamente por Francesco Tamburini (1846–1890), Vittorio Meano (1860–1904) y Julio Dormal (1846–1924); y el Palacio de Correos (1906–1910), también obra de Maillart.
A estas realizaciones se sumaron el monumental edificio de Aguas Corrientes (1887–1894), proyectado por el arq. noruego Olaf Boye (1864–1933) y el ingeniero civil sueco Carlos Nyströmer, así como las Escuelas Petronila Rodríguez, que contribuyeron a consolidar la imagen moderna y monumental que Buenos Aires buscaba proyectar al mundo en el cambio de siglo.
2
www.arcondebuenosaires.com.ar
3
https://cafecontado.com/
De Carlos Cantini y Diego Ruiz (museólogo y cronista callejero) mandinga.ruiz@admin
Publicado en el periódico Desde Boedo, Año XII, Nº 131, junio de 2013.
Nos cuenta:
Otros cafés de la época, como el Café de Monserrat en la calle Buen Orden 152 (actual Bernardo de Irigoyen 292), que perduró hasta fin de siglo.
Café De las Cuatro Naciones de Perú y Alsina, fundado en 1836 por José Badaracco y que desapareció al demolerse el antiguo Mercado del Centro que abarcaba la manzana de Alsina, Perú, Moreno y Chacabuco.
Confitería del Águila, fundada por el Vicente Costa en 1852 en Florida 102 (actual 178–180) esquina Perón.
Le sucede Jerónimo Canale, quien construyó un edificio de lujo para recepciones y luego sus hermanos Ángel, Agustín y Santiago, quien a principios del siglo XX muda la confitería a Callao y Santa Fe.
Confitería del Gas, de 1857 en Suipacha y Rivadavia. Su nombre seguramente proviene de los faroles de Gas que reemplazaban a los de aceite eran un orgullo porteño. Un lugar selecto que rivalizaba con la confitería Del Molino a la hora del té con masas suizas.

El Bar La Helvética, fundado en 1860 en Corrientes 502, por Poirier y Morini. Su cercanía del diario La Nación, lo convirtió en sucursal de la redacción.
Concurría además del General Mitre, Rubén Darío, durante su estadía en Buenos Aires desde 1893 a 1898, la vida literaria e intelectual del Buenos Aires de fin de siglo, Roberto J. Payró, Emilio Becher, Bartolito Mitre, José de Maturana, Joaquín de Vedia, Charles de Soussens, José Ingenieros entre tantos otros.
Otro de los establecimientos preferidos por la sociedad porteña de fines del siglo XIX fue el café y restaurante La Sonámbula, en la esquina sureste de Hipólito Yrigoyen y Defensa. Allí había construido la compañía de seguros La Previsora un edificio para sus oficinas al que, por razones económicas, destinó en parte para el Hotel de Londres.

El edificio, diseñado por el arquitecto Pedro Coni en estilo academicista, tenía una importante cúpula en símil piedra que coronaba un grupo alegórico, creación del escultor italiano Luis Trinchero (1862 – 1944) y los coloridos toldos de los niveles bajos le conferían una atractiva vista a la esquina. No se sabe de qué nacionalidad era el dueño o los dueños, pero todo le hace suponer un origen itálico porque si bien el hotel era “de Londres”, el curioso nombre de La sonámbula sólo lo remite a la famosa ópera de Vincenzo Bellini… y no nos olvidemos que Plaza de Mayo por medio se encontraba todavía el viejo Teatro de Colón.
Al hotel y a la confitería se los llevó puestos el “progreso” en la década de 1940, cuando el estado nacional expropió o adquirió todos los lotes de la manzana –salvo el del antiguo Congreso Nacional de Yrigoyen y Balcarce– para construir el Banco Hipotecario. Quedó como recuerdo un tango de Pascual Cardarópoli, titulado precisamente La sonámbula, que Pacho Maglio grabó en el sello Columbia allá por 1912 o 1913, en solo de bandoneón. Pero la relación del naciente tango con los cafés de Buenos Aires… será otro callejeo

Muy interesante el trabajo del arq. Alberto Petrina (hola Alberto) “Patrimonio Arquitectónico Argentino, Tomo II, Parte 1 (1880-1920) https://issuu.com/minculturaar/docs/libro_ii_parte1
4
De la rue Taitbut se trasladó al 45 de la rue Saintonge, 75003, en el otoño europeo del año 2017.
El “Grand Café Tortoni”, es una reconstrucción llena de recuerdos y de elegancia, de la pátina que la vistieron con su presencia tantos artistas y autores, donde atienden de martes a domingo de 9,30 a 19 hs, metro République (líneas 3, 5, 8, 9,11).
5
El pianista español Ricardo Viñes (1875 – 1943) amigo de Maurice RavelClaude Debussy y Manuel de Falla y profesor entre otros de Enrique Granados. El cantante, compositor y actor Carlos Gardel (c.1883 – 1935). El novelista, cuentista, dramaturgo, periodista e inventor Roberto Arlt (1900 – 1942). Leopoldo Marechal, autor de Adán Buenosayres frecuentaría, como parte de la generación martinfierrista, «La Peña del Tortoni», y luego también el café de la calle Gurruchaga, que lo inspiraría para la narración de algunas de las bellas páginas de su primera novela. El filósofo y ensayista español situado en el movimiento del “novecentismo” José Ortega y Gasset (1883 – 1955). El escritor, poeta y ensayista Jorge Luis Borges -Jorge Francisco Isidoro Luis Borges- (1899 – 1986). El dibujante y pintor Florencio Molina Campos (1891 – 1959) conocido por sus dibujos costumbristas.
Sobre Florencio Molina Campos ver https://onlybook.es/blog/florencio-molina-campos-quien-se-va-a-ocupar-de-cuidar-y-exhibir-sus-obras/

El abogado, escritor y dirigente político Lisandro de la Torre (1868 – 1938). El escritor, abogado, periodista y docente Ernesto Palacio (1900 – 1979). El presidente de la Nación Argentina y abogado Máximo Marcelo Torcuato de Alvear Pacheco (1868 – 1942). El pianista, director y compositor de tangos Osvaldo Pedro Pugliese (1905 – 1995). El 5 veces campeón de automovilismo Juan Manuel Fangio (1911 – 1995).
El físico Albert Einstein (1879 – 1955). El violinista, director de orquesta y compositor de tango Julio de Caro (1899 – 1980). La cantante de tango y milonga y actriz Tita Merello -Laura Ana Merello- (1904 – 2002).
El cantante de copla español Miguel de Molina -Miguel Frías de Molina- (1908 – 1993). La política, diplomática, escritora y conferencista Hillary Clinton -Hillary Diane Rodham Clinton- (1947). La cantante y compositora Eladia Blázquez (1931 – 2005). El poeta, dramaturgo y prosista español Federico García Lorca (1898 – 1936). El rey de España Juan Carlos de Borbón (1938). El poeta, escritor, periodista, dramaturgo y humorista Conrado Nalé Roxlo. El caricaturista, artista plástico e ilustrador Antonio Bermúdez Franco. El compositor y músico Juan de Dios Filiberto (1885 – 1964), el autor de “Setenta balcones y ninguna flor”. La poetisa uruguaya Juana de Ibarbourou -Fernández Morales- (1892 – 1979).
6
El escritor Abelardo Castillo (1935 – 2017). El escritor Humberto Cacho Costantini (1924 – 1987). La novelista y ensayista Liliana Heker (1943). El escritor Isidoro Blastein (1933 – 2004). El escritor, crítico literario y guionista Emilio Piglia Renzi (1941 – 2017). El psicoanalista y escritor Arnaldo Liberman (1933) a quien tuve el privilegio de conocer y participar en su casa en los encuentros que realizaban en Madrid junto a otras personas muy valiosas desde el punto de vista intelectual y humano, entre las que se encontraba mi querido Dr. Hugo Bleichman (   – 2020). El violinista, director de orquesta y compositor de tango Julio de Caro, (1899 – 1980). El escritor, periodista y guionista Miguel Ángel Briante (1944 – 1995). El escritor y guionista Vicente Battista (1940). El poeta, ensayista e historiador Horacio Salas (1938 – 2020).
7
Martín Auzmendi, cronista y poeta, autor de “Cócteles en el camino”, crónica íntima de un viaje por ciudades, bares y barras.
Datos tomados de su artículo “Paris en Avenida de Mayo “La historia del Café Tortoni y de una Buenos Aires que ya no existe”. 27 de Abril de 2015.
8
Carlos Szwarcer. Publicado en: «Todo es Historia». Nº 422. Setiembre de 2002.
9
El novelista y poeta Ricardo Güiraldes (1886 – 1927). El poeta Oliverio Girondo -Octavio José Oliverio Girondo- (1891 – 1967). El ensayista, poeta, cronista y escritor Pablo Rojas Paz (1896 – 1956). La reportera, editora de moda, traductora y educadora italiana Pelegrina Pastorino “Pele” (1902 – 1988). El poeta, dramaturgo, novelista y ensayista autor de Adán Buenosayres Leopoldo Marechal (1900 – 1970). El docente, abogado, periodista y escritor Ernesto Palacio (1900 -1970). El poeta, escritor, periodista, guionista, libretista, dramaturgo y humorista Conrado Nalé Roxlo  (1909 – 1971). La pintora, escultora y profesora de dibujo Raquel Forner (1902 – 1988). El poeta y diplomático Francisco Luis Bernárdez (1900 – 1978). La poeta, artista plástica y crítica de arte Norah Borges -Leonor Fanny Borges- (1901 – 1998), hermana de Jorge Luis Borges, escribía “En todos nuestros juegos era ella siempre el caudillo, yo el rezagado, el tímido, el sumiso. Ella subía a la azotea, trepaba a los árboles y a los cerros yo la seguía con menos entusiasmo que miedo”. El periodista y poeta Córdova Iturburu “Policho” -Cayetano Policinio Córdova Iturburu- (1902 – 1977) miembro de número de la Academia Nacional de Bellas Artes. El escritor, abogado y filósofo Macedonio Fernández (1874 – 1952).
10
El escritor, periodista y dramaturgo Leónidas Barletta (1902 – 1975). El escritor, periodista, editor y guionista César Tiempo -Israel Zeitlin- (1906 – 1980) se presentó como Clara Beter. El poeta, ensayista y periodista uruguayo Elías Castelnuovo (1893 -1982). El poeta Aristóbulo Echegaray (1904 – 1986). El poeta y periodista Raúl González Tuñón “El pichón de Buenos Aires” (1895 – 1974). El poeta, escritor de “Cuentos de Oficina” y periodista Roberto Mariani (1893 – 1946). El escritor, traductor y poeta Nicolás Olivari (1900 – 1966). El escritor, poeta y periodista Alberto Pinetta (1906 – 1971). El poeta, escritor, periodista y docente Gerardo Pisarello (1898 – 1986). El escritor, periodista y poeta Abel Rodríguez (1893 – 1961). El poeta Gustavo Riccio (1900 – 1927) “Para empezar a ser bueno es necesario sentir como si fueran de uno las penas de los otros”. El escritor Lorenzo Stanchina (1900-1987) fundador del grupo Boedo. El periodista, autor, guionista, escritor y actor César Tiempo (Israel Zeitlin 1906 – 1980). El escritor, dramaturgo, poeta, novelista, guionista cinematográfico uruguayo Enrique Amorim (1900 – 1960). El escritor, cuentista, dramaturgo, historiador, ensayista y poeta Arístides Gandolfi Herrero “Álvaro Yunque” (1889 – 1982). Juan Carlos Mauri, https://es.slideshare.net/caceresvictoria/juan-carlos-mauri-y-el-virus-de-la-literatura-una-retrospectiva.
El novelista, cuentista, dramaturgo, periodista e inventor argentino Roberto Arlt (1900 – 1942) es a veces incluido en el Grupo Boedo (incluso él mismo lo hace en una entrevista).
El pintor José Arato (1893 – 1929) ilustró el libro “Los pobres” de Leônidas Barletta. El pintor, grabador, docente y xilógrafo Adolfo Bellocq (1899 – 1972).

El pintor, grabador y litógrafo uruguayo Guillermo Facio Hebequer (1889 – 1935). El pintor uruguayo Abraham Regino Vigo (1893 – 1957), realizó grabados, aguafuertes y xilografías basados en la temática social, como la serie La Quema. El poeta y compositor de tango Cátulo Castillo -Ovidio Cátulo González Castillo- (1906 – 1975). El poeta, político, guionista, periodista, director de cine y autor de tangos y milongas famosas Homero Manzi -Homero Nicolás Manzione- (1907 – 1951). El poeta, escritor, cuentista, historiador, ensayista Álvaro Yunque -Arístides Gandolfi Herrero- (1889 – 1982). El novelista, cuentista, dramaturgo, periodista e inventor Roberto Arlt -Roberto Emilio Godofredo Arlt- (1900 – 1942).

El compositor y músico autor de Caminito (1926), Quejas de Bandoneón, Malevaje (1928) Juan de Dios Filiberto “Filiberto” (1885 – 1964). El musicólogo, compositor, director, dramaturgo, poeta, filósofo, regisseur, científico y profesor de música Juan Francisco Giacobbe (1907 – 1990). El dramaturgo, director de teatro, libretista de cine y letrista de tango José González Castillo (1885 – 1937). El bandoneonista, director y compositor Pedro Láurenz (1902 – 1972). El bandoneonista, director, compositor y docente Pedro Mario Maffia (1899 – 1967). El músico, compositor, director de orquesta y pianista Sebastián Piana (1903 – 1994).
11
La Cooperativa Editorial Claridad fue fundada el 30 de enero de 1922 por el periodista, político y empresario español Antonio Zamora (1896 – 1976). Decía “una editorial no debía ser una empresa comercial, sino una especie de universidad popular”. El nombre elegido se inspiró en el movimiento intelectual francés “Clarité”, vinculado a Henri Barbusse (1873 – 1935).  
En sus comienzos estaban en la calle Boedo 837 y debido a ello el grupo literario vinculado a la editorial durante la década de 1920 fue llamado ‘El grupo de Boedo’, grupo muy destacado en la historia literaria argentina por la cantidad de escritores y artistas notables que lo conformaban.
Algunas de sus publicaciones fueron: La revista Los pensadores, la revista Claridad y la colección Los nuevos.
La editorial Claridad fue considerada uno de los más importantes emprendimientos culturales durante la primera mitad del siglo xx en Argentina.

Cárcel de mujeres de Angélica Mendoza, editado por Claridad, Biblioteca Feminaria (1933)
Esquema sexual de Humberto Salvador, editado por Claridad, Biblioteca Científica (1934?)

12
Entre 1920 y 1940 se instalaron más de 40 cafés o bares japoneses en Buenos Aires, práctica que se extendió a lo largo de la Argentina.
Motokichi Yamagata, partió de su Kagoshima natal en 1908 rumbo a San Pablo, pero las promesas incumplidas lo convencieron de ir a la Argentina.
En 1920 Motokichi Yamagata (paso a ser Yamakata en Argentina) y sus otros hermanos abrieron dos cafés en Buenos Aires, uno en Cerrito y Lavalle, y otro la avenida Boedo 873.
Estaba cerca de la Editorial Claridad, allí se reunía el Grupo Boedo constituido por artistas de vanguardia de la década del 20, conocidos por su preocupación social.
La Junta de Estudios Históricos del barrio de Boedo homenajeó al café “El Japonés” con una placa conmemorativa que fue descubierta el 22 de noviembre de 2013, en Boedo 873.
En 1935 un periodista del diario Crítica, lo describía así:

“…el cronista llegó con su rabioso cansancio a cuestas y descansó en sus sillas de Viena…La humeante taza de café con leche y el pan con manteca servidos por Murata. El café Japonés tiene algo de ciudad y de campo. La asiduidad del Juez de Paz…a cuyo alrededor mariposean los que tienen hambre y sed de favores…”

Roberto Arlt en su novela «Los siete locos» menciona al café de Cerrito y Lavalle, en la sección «El Odio«:

(Erdosain)…Al poner una mano en el bolsillo encontró que tenía un puñado de billetes y entonces entró en el bar Japonés. Cocheros y rufianes hacían rueda en torno de las mesas. Un negro con cuello palomita y alpargatas negras se arrancaba los parásitos del sobaco, y tres “polacos” polacos, con gruesos anillos de oro en los dedos, en su jerigonza, trataban de prostíbulos y alcahuetas. En otro rincón varios choferes de taxímetros jugaban a los naipes. El negro que se despiojaba miraba en derredor…Erdosain, pidió café, apoyó la frente en la mano y se quedó mirando el mármol”.

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Arq. Hugo Alberto Kliczkowski Juritz

Onlybook.es/blog

Hugoklico7.blogspot.com

Nuestro Blog ha obtenido ms de 1.600.000 de lecturas:  https://onlybook.es/blog/nuestro-blog-ha-superado-el-millon-de-lecturas/

Salvemos al Parador Ariston de su ruina

Firma en el siguiente link https://chng.it/PsfMJ6xtK6  y difúndelo. GRACIAS. https://onlybook.es/blog/el-parador-ariston-una-ruina-moderna-por-hugo-a-kliczkowski/embed/#?secret=W6AWAGwYMU#?secret=mlLGStMkFQ

Diario Clarin https://onlybook.es/blog/el-parador-ariston-https://onlybook.es/blog/el-parador-ariston-

Japon 9. Tax free y otras cosas de Tokio

 

Tax free y otras cosas de Tokio

Paso 1

En compras superiores a 5.000¥ (50 usa) los comercios descuentan el tax que es del 8%.

El negocio junta la factura  con otros papeles y los grapa al pasaporte. A más compras de 50 usa el pasaporte más engrosa su interior.

Paso 2

En el aeropuerto (donde los comercios ya me han indicado que es donde los debo presentar), preguntamos varias veces donde cumplir esa gestión (entendemos de cierta trascendencia), sino cívica al menos turística.

-vaya uno a saber cómo es esta gente en temas fiscales ya que cuando solicitas el tax free te piden el pasaporte para controlar cuando entraste a Japón, (ese número irá a una central informática como la de Cabo Cañaveral que puede reaccionar ante tu ausencia al trámite y no dejarte subir al avión, o algo peor?, no realmente no pasa nada).

Como ya me ha pasado en algún querido país, que lo tienes que hacer antes de facturar las valijas porque el agente de aduanas con cara indescriptible te pide, si podes mostrarle esos zapatos que has comprado.

Antes de migraciones, encontramos al encargado de aduanas al que preguntamos que hay que hacer? Responde en forma amable que tienes que sacar la factura y demás papeles del pasaporte, es decir desgraparlos.

Supongo que entre él y sus compañeros se ocuparán de decirle a los 24 millones de turistas que tengan que hacer el trámite,  realicen el desgrapamiento correspondiente.

Paso 3

Todos vamos dejando esos documentos en una bandeja, que está  llena de documentos iguales.

Conclusión

Como nadie revisa nada, creo que resolvieron el problema de juntar millones de papeles en esas bandejas.

Son azules, las bandejas.

Metro

En el andén, mientras se espera la llegada del metro, se forman 2 filas paralelas, dejando un espacio en el medio para que cuando se abran las 4 puertas -2 del vagón y las 2 de protección del andén- puedan salir primero los pasajeros del vagón y después y solo después comenzar a entrar en orden. Notable y emocionante, no?

Siesta

Difícil entender como hacen para despertarse, pararse, y descender cuando el metro llega a la estación que van. Aun no se si 1/2 despiertos o 1/2 dormidos. Pero lo hacen.

Es probable que no duerman, sino estén relajados meditando con los ojos cerrados.

Muchos leen, libros de papel, impresos, otros en ebooks.

No vi graffitis, de ningún tipo. Todo impoluto, limpio, cuidado, protegido y mantenido.

Tampoco coches chocados, despintados ni rayados. Gran parte Toyota, de todos los tamaños.

Tren y corpiño 

 

Tomamos el Shinkansen de Okatama a Hiroshima.

Al nuestro lado una parejita de alemanes, de Munich, ella hablaba perfecto español.

Me explico que decidieron hacer una parte del camino juntos y después se separaban.

A los pocos minutos veo colgando un corpiño, quizás para que se seque, que se yo…..

Chiste

Esto que me llego de chinos viene muy buen aqui

-maestro Kun Fu, porque dicen que todos los chinos somos iguales?

– no soy el maestro Kun Fu.

Taxi

Cuando paras un taxi, la puerta se abre (y cierra automáticamente).

Sobre los asientos y el respaldo un tejido blanco.

El conductor con guantes blancos te saluda. Hay un mínimo de 570¥ para ls primeros 1.4 km. La ciudad es muy grande.

Hay carreras de 1.500 ¥ , 3.000.¥ 5.000 ¥.

Al aeropuerto de Narita, que está a 60 km por bus (tarda 1,05 horas) cuesta ¥ 1.000, por tren (30 minutos) son 3.000 ¥. Y por taxi más de 13.000 ¥. Cuando quiera presumir en algún CV pondré que en Tokio iba en taxi de un lado al otro

America del Sur

Les sorprende saber que soy argentino y varios me han comentado que la conocen.

Se alegran cuando les digo que vivo en España. Gaudí. Messi y Maradona son mis mejores credenciales.

Gaudi por su trencadis.

Madrid por sus tapas.

Y Messi por lo que es. (¿Vieron el corto Messi es un perro?)

Varios

Usan barbijos, por el tiempo de primavera para evitar alergias y para no contagiar a los demás.

Usan quimono, mucha gente joven, los fines de semana y por las zonas donde habían florecido los ceerezos. Se alquilan, 1.000 a 1.500 yenes por un día . Vimos muchos turistas alquilando.

Films

Mi amigo Edgardo me escribe :

Te paso dos películas fantásticas

1.

director Yasujiro Ozu

Film: Tokyo Story

 La primera es de un director de los años 50, fue un maestro y uno de  los mejores directores japoneses de todos los tiempos El segundo, contemporáneo si bien es Taiwanes la película que te recomiendo es japonesa.

2.

director  Hou Hsiao-hsien

Film: Cafe Lumiere

Ganó varios premios Cafe Lumiere.

Film del 2003.

Es un homenaje a Ozu que utilizaba una cámara fija en una habitación bastante baja y los personajes pasaba y actuaban delante de la misma.

Se iban a otra habitación y volvían.

 La cámara no seguía al actor.

Tienen buena pinta.

Arq. Hugo Alberto Kliczkowski Juritz
permitido reproducir parcial o totalmente citando la fuente
gracias

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Suecia, Mälmo, y el Turning Torso de Santiago Calatrava

Suecia, Mälmo Torre de Calatrava

Apenas llegamos a Mälmo, fuimos a ver la torre.

Sabía visualmente de sus características, pero necesitaba sentir como era ver su dimensión (54 pisos y 190 metros) y su entorno cercano.

Johnny Örback, era en ese momento el director gerente de la cooperativa sueca de viviendas HSB, que fuera fundada en 1923 y la actual propietaria de la torre.

HSB es la mayor cooperativa de Suecia.

Esta torre está basada en una escultura de Santiago Calatrava llamada «Twisting Torso» que es la forma en que un ser humano gira sobre sí mismo, realizada en mármol blanco, y con el nombre de «Turning Torso», bautizaron a esta torre que el ing arq Santiago Calatrava finalmente construyó en Suecia.

Ubicada a 512 Km de Estocolmo, en la ciudad de Mälmo, está a las orillas del estrecho de Öresund. Se inauguró en Agosto de 2005 con 147 unidades residenciales.

Es extraño ver su torsión, y los elementos estructurales externos. Pero no son excesivos (debo reconocer que fui a verla con no pocos prejuicios por las polémicas que Calatrava ha causado y causa), así como su tamaño, hasta diría que me agrado su simplicidad dentro de su complejidad.

Emplazada en una zona nueva, muy cerca del puente/túnel que une Suecia con Dinamarca, una obra de ingeniería muy compleja que une las ciudades de Mälmo -Suecia- con Copenhague -Dinamarca-.

Toda la zona tiene lugares de esparcimiento y restaurantes, al borde del río un paseo muy bien diseñado donde se circula en bicicleta, que tambien se usa para realizar gimnasia, tomar sol, e ir de compras en comercios y galerías.

Alrededor de esta torre muy alta. (la más alta de la península escandinava) hay muchas viviendas y comercios, muy bien diseñados y mejor construidos.

Me llamo la atención que ya en ese momento (era 2015), la torre (como en su momento lo fue la Torre Eiffel en París), era el símbolo de la ciudad y había todo tipo de merchandising con su imagen.

En agosto de 2015, recibió el premio 10 Year Award del Council on Tall Buildings and Urban Hábitat (concedido por el Consejo de Edificios Gran Altura y Hábitat Urbano (CTBUH).

En 2005 obtuvo el primer puesto del Emporis Skyscraper Award.

La película “El socialista, el arquitecto y la torre”  trata, como lo indica la sinopsis de Filmaffinity:

» En 1999 el socialdemócrata Johnny Örbäck, director general de una cooperativa de viviendas en Malmö decide encargar a Santiago Calatrava la construcción de un edificio único en los viejos astilleros de la ciudad, la ‘Turning Torso’, una torre de 190 metros de altura que se retuerce sobre sí misma y que fue nombrada como el «mejor proyecto de edificio residencial del mundo» en Cannes.

Los años pasan y el proyecto se retrasa. El presupuesto se excede en casi 85 millones de euros y Johnny Örbäck tiene que soportar la presión de los empresarios y de los ciudadanos de Malmö, que no entienden por qué una cooperativa como la HSB no construye pisos asequibles para la población. El director entra en las vidas de los protagonistas y vive en primera línea sus sueños y frustraciones. Una mirada única al mundo de la arquitectura y lo que pasa cuando la visión artística choca con la dura realidad».

Otra:

Hay un CDR editado por la FCA (la Fundación Caja de Arquitectos de Cataluña) donde se ha filmado todo lo que ha habido alrededor de la torre, que no ha sido poco por los sobrecostes y atrasos.

Creo a pesar de los pesares, y muchas consideraciones, la torre es una maravilla.

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Puede interesarte este tema, por lo que te envío una sugerencia de Hugo K: Florencio Molina Campos.

https://onlybook.es/blog/florencio-molina-campos-quien-se-va-a-ocupar-de-cuidar-y-exhibir-sus-obras/

 

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