Hablemos del arq Francisco Javier Sáenz de Oiza

En la entrada Madrid por la avenida de América, continuación de la A2.

Es la autopista que une Madrid con Barcelona, hay un edificio de 21 pisos que posee una especial cualidad, se lo reconoce como emblemático.
Paradigma de una época, sino de ruptura si de pertenencia a un momento de cambio en la arquitectura española y mundial.
Terminado en 1968 por el arq Francisco Javier Sáenz de Oiza y los ingenieros Leonardo Fernandez Troyano, Carlos Fernández Casado y Javier Manterola, autores de la fantástica estructura de grandes losas en voladizo que permitieron la centralización de cargas y la ausencia de pilares tradicionales, y la materialización de la idea de su proyectista.

Un aporte importantísimo fue el que dio el promotor, cliente y mecenas Don Juan Huarte, que apoyo a la vanguardia española con su empresa Huarte.
Más de 4 décadas mas tarde sus pisos se ofrecen en alquiler de la siguiente manera:

Algo ocurre con un edifico de casi 50 años, cuando sus propietarios lo califican de GENIAL y precioso.
¿Y que es lo que profesionales y particulares ven en él?

¿La pista nos la da el mismo arquitecto Francisco Saenz de Oiza en su libro Escritos y conversaciones?
«Cuando hice Torres Blancas tuve un único objetivo: molestar a la gente, agredir al paisaje, de tal manera que la gente levantara la cabeza y dijera: ¡Caramba!, pero ¿tanto bien o tanto daño se pueden hacer con la arquitectura?… ¡Sí, señor! ¡Estamos cansados de hacer paisajes grises, ambientes no molestos en los cuales a lo mejor no es penoso vivir pero tampoco es gratificante!«.

Desde la estructura (que no se sujeta en pilares sino en rotundos muros portantes que se clavan en el suelo como raíces) hasta los detalles (maravillosos los rodapiés, los pomos, los radiadores) el arquitecto no tuvo miedo a probar.
Del restaurante (hoy oficinas) se podían bajar las viandas a cada piso a través de un porta platos equipado con un interfono. Quiso construir un edificio de viviendas de gran altura (tiene 71 metros), que creciera orgánicamente como un árbol,que escaleras, ascensores e instalaciones, lo recorrieran en forma vertical, como si fueran los vasos leñosos del árbol y con las terrazas curvas agrupadas como si fuesen las hojas de las ramas.
Torres Blancas eran en realidad 2 torres, que dicen, como rumor quizás de mármol blanco, de las que se hizo solo 1 y esta Torre Blanca, es en realidad gris.

Oiza nos decía también… «un árbol que parte desde el suelo» (No sabes si alguien sube o baja).
Tan importante es la parte superior como la inferior.
Su hijo Javier Saez de Oiza, ha explicado hace ya tiempo, que el motivo de la no construcción de la segunda torre no fue económico sino de licencia, pues las autoridades no veían prudente apoyar este tipo de arquitectura, así como que nunca iban a ser de mármol blanco sino de hormigón gris visto.

Blanco fue el nombre que se le dio en homenaje a las pinturas y al purismo de Le Corbusier.
A Oiza le hacía ilusión pensar que las hormigas llegasen a la espectacular piscina redondeada de la azotea.
Al principio de cada clase en la facultad («fue un gran maestro, muy generoso, que contaba todo lo que sabía», explica el hijo) repetía como una letanía la definición de casa de Camilo José Cela (vecino del inmueble): «Fruto del amor del hombre con la Tierra nace la casa, esa tierra ordenada en la que el hombre se guarece cuando la tierra tiembla -cuando pintan bastos- para seguir amándola».
En los sesenta, muchos vecinos eran pilotos (por la cercanía a Barajas), hoy abundan los arquitectos.

Y los artistas. Jim Jarmusch, enamorado de sus formas, introdujo al edificio en su último filme, y cuentan que John Malkovich tiene un piso en Torres Blancas.
El hijo del arquitecto, ni lo niega ni lo confirma, pero una vez se lo encontró en el ascensor.
Es interesante la vida del arq Francisco Javier Sáenz de Oiza (Cáseda, Navarra, 12 de octubre de 1918 – 2000 Madrid 18 de julio).
Fue un alumno especial, recibiendo el «Premio Aníbal Alvárez» al mejor expediente académico y ese mismo año gana el premio nacional de Arquitectura. Recién acabados sus estudios, en 1947 viaja a los Estados Unidos para ampliar sus conocimientos gracias a la beca “Conde de Cartagena”, concedida por la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.

Regresa a España como profesor del Departamento de Instalaciones de la Escuela de Arquitectura de Madrid. En 1968 logra la Cátedra de Proyectos y de 1981 a 1983 es director de la Escuela. (1)
Podemos mencionar como un hecho no menor que por su estudio paso entre otros Rafael Moneo (1956-1961) así como los arquitectos Francisco Alonso, Carlos Ferranz y Juan Daniel Fullaondo.
Sáenz de Oiza, que vivió el resto de su vida en el edificio, ganó por él el premio de la Excelencia Europea en 1974.
http://www.dailymotion.com/video/xb80w6_comando-actualidad_news#tab_embed
Sáez de Oiza definía a la arquitectura como:
– Una actividad artística impulsada por la potencia del creador capaz de despertar emociones.
– Un juego lúdico en lo que tiene de aventurado el enfrentarse al enigma.
– y que era aventurarse en lo desconocido, un camino o proceso no recorrido con una actitud ilusionada y fuerte.
– asegurando que sin libertad no hay obra de arte.
De el nos hablan sus obras y sus premios como reconocimiento a una vida dedicada a su pasión, la arquitectura
Otras obras y proyectos

– Edificio de viviendas en la calle Fernando el Católico, Madrid, 1949.
– Santuario de Nuestra Señora de Arantzazu (1950-1954), situado en Oñate (Guipúzcoa), edificio religioso, de hormigón, piedra y acero.
– Propuesta de Capilla en el Camino de Santiago, 1954
– Poblado de Entrevías, Madrid, 1956
– Poblado de absorción Fuencarral-A, Madrid, 1955
– Casa Lucas Prieto, Talavera de la Reina (Toledo), 1960
– Cien apartamentos en Ciudad Alcudia, Palma de Mallorca, 1963
– La «casa Arturo Echevarría», Madrid, 1971.

– Torre del Banco de Bilbao BBVA, edificio de 107 m de altura con fachada de acero y cristal, ubicado en el complejo financiero y comercial AZCA de Madrid, (1971-1978).
– La «villa Fabriciano», 1987
– Viviendas en la M-30, Madrid, 1986-1989
– Los pabellones del IFEMA (Recinto Ferial Juan Carlos I), Madrid, 1987
– Villa Fabriciano (1987)
– Campus de la Universidad Pública de Navarra situado en la capital de su tierra natal, Pamplona. No esta desarrollado en su totalidad estando pendiente la construcción del Paraninfo. (1987).

– Universidad de Granada (1988)
– Alternativa Concurso estadio de Anoeta, San Sebastián, 1989
– Universidad Pública de Navarra, Pamplona, 1989-1993
– Concurso de Ideas del Palacio de Congresos, Marbella, 1990
– Oficinas de la Hermandad de Arquitectos de Madrid (1990)
– Escuela de Administración Pública de Mérida (1990)
– Ordenación de la Plaza de San Francisco, Palma de Mallorca, 1991
– Pabellón Polideportivo Cubierto, Plasencia, 1991
– Palacio de Festivales de Cantabria, Santander, 1991.
– Segunda solución para el Palacio de Congresos, Marbella, 1992
– Concurso Palacio de la Música y Congresos, Bilbao, 1992
– Torre-Triana, sede administrativa de varias consejerías en la isla
Exposición ‘Sáenz de Oíza. Artes y oficios’

Exposición / Museo ICO / Zorrilla, 3 / Madrid, España
La muestra se realizó desde el 7 febrero al 23 de agosto de 2020
Fue comisariada por Javier Sáenz Guerra, Marisa Sáenz Guerra, Vicente Sáenz Guerra.
Video
La muestra recorre la obra del arquitecto navarro, planos, bocetos y dibujos, además de esculturas y objetos del autor y de con los que compartió amistad y experiencias entre ellos, Eduardo Chillida, Lucio Muñoz, Pablo Palazuelo, Antonio López o José Antonio Sistiaga.

Se sumó así el Museo ICO a las actividades de conmemoración del centenario del nacimiento del arquitecto Francisco Javier Sáenz de Oíza.
Los comisarios de la exposición son tres de sus siete hijos Javier, Vicente y Marisa Sáenz Guerra, también arquitectos y que personalmente se han hecho cargo de dar forma y sentido a la exposición.
La exposición ha presentado el mundo personal de Sáenz de Oíza junto a su obra arquitectónica y recoge un repertorio de planos, cuadros, esculturas, maquetas, cerámicas y objetos personales. Oíza ensayaba mucho sobre sus planos y, por ello, se han conservado cientos de papeles que no han visto la luz.
El espacio dividido en cinco oficios, en referencia a cinco estados de conocimiento del autor, que se van interrelacionando entre sí.
El recorrido se inicia en el espacio denominado ‘El oficio de aprender / El arte de enseñar’, una miscelánea de objetos y piezas que recrean los orígenes de Oíza, la inspiración encontrada en su pueblo natal, Cáseda, en su aventura americana, y en la Universidad donde fue catedrático y director de la Escuela de Arquitectura. Fruto de aquella época fueron las construcciones de las Escuelas de Batán en Madrid, la Facultad de Ciencias en Córdoba, o la Universidad Pública de Navarra.
Sáenz de Oíza se definía como “un hombre de segueta”. Su extraordinaria habilidad manual le servía para elaborar sus propias maquetas de madera, corcho o cartulina, de gran capacidad sintetizadora, pero también para reparar y transformar cualquier cosa que cayera en sus manos para darle nuevas aplicaciones, o para construir juegos mentales de matemática o geometría, áreas por las que siempre tuvo gran interés, al igual que la poesía, literatura, filosofía y otras lecturas que se pueden ver en la muestra. ‘El oficio de habitar / El arte de construir.

El segundo espacio de la exposición reúne algunas de las construcciones que realizó el arquitecto. Para Saénz de Oíza, la construcción de ‘La Casa’ era el papel principal del arquitecto. Las casas eran más que edificios donde vivir, simbolizaban espacios íntimos, lugares de protección donde cada persona potencia su mundo interior, un espacio íntimo y cerrado. “La casa -decía – es el habitáculo para dormir de un hombre que produce, trabaja, vive y se relaciona en una dilatación de espacio en la que se mueve a lo largo de las 24 horas. Es decir, que la significación del contenedor en sí queda relegada a un segundo nivel.” En este espacio se pueden ver algunas casas proyectadas y construidas por encargo como la de Lucas Prieto (Talavera de la Reina, 1960), la de Arturo Echevarría en la urbanización La Florida (Madrid, 1972) y la Villa Fabriciano en Torrelodones (Madrid, 1987). Dos pequeñas casas en Mallorca, donde transcurren los veraneos de Oíza y su familia, explican cómo es el Oficio de Habitar de este arquitecto en una casa hecha por otro y la relación que toda arquitectura debe tener con el lugar, la tradición, las costumbres y los oficios locales.

También dedicó una parte de los años 50 a la construcción de viviendas sociales en Madrid (Entrevías, Fuencarral, Batán…) mano a mano con los vecinos, tratando de dar una solución al problema del alojamiento de miles de emigrantes que llegaban a las ciudades. De ello son ejemplos su propuesta (no construida) junto al río Manzanares, deseando compararse con su maestro Le Corbusier, y el complejo de viviendas de realojamiento junto a la M-30 en Madrid (1986) conocido como El Ruedo.

Probablemente el tercer espacio, ‘El oficio del alma. El arte de evocar’, sea el más intimista, el que retrata la vertiente más espiritual de Oíza con la construcción’ de la Basílica de Aránzazu. La obra se realizó a partir de un concurso de ideas para su ampliación, aunque encontró numerosas dificultades y dudas por los problemas de la renovación del lenguaje religioso en la España de 1950. Este edificio aglutina las obras de un conjunto de jóvenes artistas, arquitectos, escultores y pintores que, con el paso del tiempo, han convertido la Basílica en símbolo de los galardonados con el Premio Príncipe de Asturias de las Artes: Eduardo Chillida (1987), Jorge Oteiza (1988) y Sáenz de Oíza (1993) y otro autor no menor, el pintor Lucio Muñoz, cuyo retablo resulta clave en el entendimiento del nuevo espacio sagrado reclamado por las jóvenes generaciones.

Esta obra (planos, dibujos, maquetas, fotografías…) abre la exposición a un espacio integrador de las Artes. En el cuarto espacio, ‘El oficio de creer. El arte del mecenazgo’, la exposición nos traslada a una etapa de gran creatividad explosiva de Oíza, la de los años 60 y 70. De esta época es el edificio madrileño de Torres Blancas, junto a la Avenida de América, sin duda una de las obras más emblemáticas del arquitecto. Trabajará en esta época junto a grupos de artistas en los que encontrará, además, una profunda amistad. Muchos de ellos (Palazuelo, Oteiza, Sistiaga… y el propio Oíza) recibirán el apoyo de los Huarte, mecenas cuya constructora encargará a Oíza el proyecto de apartamentos de verano Ciudad Blanca de Alcudia, en Mallorca, así como el diseño de la imagen de la empresa de muebles del grupo familiar, H Muebles. Oíza transformó un oscuro sótano en un luminoso local que sirviera de plataforma de difusión para las diferentes empresas del Grupo Huarte, así como en un espacio de reunión y de debates de arquitectura, en particular de gente afín a la familia Huarte.

La Ciudad Blanca de Alcudia resume las ideas de las viviendas sociales realizadas en la década de los 50, convertidas en apartamentos para el ocio. y muestra su adscripción a las ideas de la denominada Tercera Generación de arquitectos, enlazando con el espíritu de Aldo van Eyck, van der Broek, Bakema o los Smithson, entre otros.

El artista definía este proyecto como “casas-tumbona… “en la playa nadie va con una brújula a ponerle su orientación a las butacas, pero ve por la tarde a una playa y verás que todas están alineadas en el momento que dejaron de tomar el sol… Pues en el fondo estas son unas casas-tumbona, como te he dicho, orientadas para hacer un uso cómodo de la casa en relación con el medio”. Francisco Javier Sáenz de Oíza D’A Revista balear d’arquitectura. Nº 3, 1989, pág. 67.

Por último, el espacio ‘El oficio de competir / El arte de representar’ muestra al Oíza que habitualmente participaba en concursos de ideas y proyectos arquitectónicos abiertos, o bien era invitado a convocatorias restringidas. Las propuestas de Mónaco, Las Palmas y Santander corresponden a este último caso. La muestra selecciona algunos de los proyectos que Sáenz de Oíza realizó para concursos públicos.

El Centro Atlántico de Arte Moderno CAAM (Las Palmas, 1985) muestra los criterios de intervención en Patrimonio de Oíza. El Palacio de Festivales de Santander fue otro edificio construido tras ganar un concurso, en este caso con tintes postmodernos. Aquí la demolición de unos antiguos astilleros en el centro urbano dejó un espacio vacío junto a la Escuela de Náutica. La propuesta de Oíza (1985) responde a los grandes teatros griegos, en particular Epidauro.
Este espacio acoge también la torre Banco de Bilbao, en Madrid. Oíza no escribió ningún libro, pero sí conservó una innumerable cantidad de escritos que utilizaba para sus clases, charlas y conferencias.
Por eso esta exposición constituye una oportunidad única para conocer el lado más personal e íntimo de un artista polifacético, arriesgado y que nunca (en sus 82 años) quiso dejar de aprender y de hacer.
Viajó fuera de España, vivió en EE.UU. y volvió con muchas ideas e inquietudes. Algunos de sus proyectos más singulares se encuentran en Madrid. El más icónico es Torres Blancas, un edificio de 71 metros de altura con multitud de intrahistorias: el propio Oíza vivió allí y en la exposición se recoge una imagen del pintor, escultor y amigo Antonio López dibujando Madrid desde una de sus terrazas.

También la Torre del Banco de Bilbao, un edificio de 107 metros de altura con fachada de acero y cristal ubicado en el complejo financiero y comercial AZCA, junto al Paseo de la Castellana.

Además, realizó el proyecto del Campus de la Universidad Pública de Navarra, Torre-Triana, sede administrativa de varias consejerías en la isla de la Cartuja en Sevilla y el Palacio de Festivales de Santander, entre otras muchos.
Arquitecto de ciudad, pintor y escultor, su afán de superación hizo que se convirtiera en un erudito, ya que dedicó gran parte de su vida a estudiar varias disciplinas para optimizar sus obras. Fue profesor universitario muy entregado a sus alumnos y nunca dejó de investigar. Actualmente muchos de sus alumnos son profesores. Siempre estuvo en constante evolución y tuvo el empeño de entender todos los procesos necesarios para elaborar el mejor proyecto posible, dependiendo del lugar, las dimensiones etc. Practicaba la austeridad en su vida y en sus obras y trataba de utilizar los materiales que tenía a mano combinándolos de la mejor manera posible. También transformaba edificios para aprovecharlos y de todo tomaba ideas. Fue Premio Nacional de Arquitectura en 1945, tan sólo un año después de terminar la carrera de Arquitectura, obtuvo la Medalla de Oro de la Arquitectura en 1989 y fue galardonado en 1993 con el Premio Príncipe de Asturias de las Artes, uno de los más prestigiosos de nuestro país.

Los tres comisarios de la exposición son arquitectos y apasionados de la arquitectura desde distintas facetas. Cuentan que los bocetos y las maquetas formaron parte de su vida desde que tienen recuerdos y que la pasión por crear les llegó desde niños. Ellos son quienes se han ocupado de buscar entre los archivos y enseres de su padre los elementos más atractivos para mostrar ese enfoque más personal y desconocido del artista.
En ocasiones, no ha sido fácil ya que Saénz de Oíza llegaba a realizar decenas de bocetos y esquemas de un mismo proyecto y tenía su propio criterio del orden. “Nuestro padre leía varios libros al tiempo y tomaba notas para preparar sus clases. Combinaba poesía, historia, diseño, filosofía…Todo estaba en su cabeza y sus notas. Eso le permitía llegar a la universidad, elegir una carta de la baraja y dar una clase magistral sobre ese tema”, señala su hijo Javier. “Y solía decir que su mejor obra era la que aún no se había construido.”
Notas
1

Recojo esta encantadora nota de un alumno de Francisco Javier Sáenz de Oíza, el actual Doctor Arq. José Ramón Hernández Correa. (Diciembre 2014)
El Texto completo lo pueden leer en arquitectamoslocos.blogspot.com.es
– “Francisco Javier Sáenz de Oíza era un genio. Sí, un genio. En todas las acepciones de la palabra, incluso en la de “tener mucho genio”. Siempre decía cosas ingeniosas, creativas, estimulantes. Era imposible saber qué fértiles asociaciones de ideas iba a hacer, y eso hacía su discurso apasionante.”
– “A Oíza le gustaba dar cursos sobre “vocabulario arquitectónico” o, mejor dicho, sobre “conceptos básicos sobre los elementos arquitectónicos”. Reflexionar sobre qué era un muro, una cubierta, un hueco, una columna, etc. Lo hacía con un ánimo constructivista, concreto y práctico, como para explicar las bases, pero lo bañaba todo de poesía, de espacio, de creación, de filosofía de la habitación humana».
«Oíza adolecía de falta de orden y rigor expositivo….Pero eso no tenía la menor importancia, porque a cada frase te sugería mil ideas y te abría mil caminos, y cada historia que se salía del temario previsto te sumergía en la aventura. Siempre era mucho mejor el destino encontrado que el previsto.”
– “Una vez, en uno de estos cursos, le propuso a su profesor ayudante Francisco Alonso (el magnífico Pacoalonso) que diera una lección sobre “la puerta”. Paco Alonso se preparó el tema con la dedicación y perseverancia acostumbradas en él, y dio una charla exhaustiva y magistral sobre la puerta: Tipos de puerta (correderas, abatibles, basculantes, pivotantes…); materiales (madera, vidrio, acero, aluminio, piedra…), sistemas, cierres, estilos, etc, etc,……Al terminar, todo el mundo esperaba la felicitación del maestro y, acaso, un par de frases para poner la guinda. Pero no fue así. Oíza se levantó y le dijo a Paco Alonso que se había equivocado completamente. Que la puerta no es la membrana que cierra el hueco, sino el hueco. La puerta es la apertura. La hoja anula la puerta, quiere que el hueco vuelva a ser muro, que deje de ser puerta. La hoja abatible, pivotante, basculante, etc, lucha contra la puerta. La puerta es puerta cuando está abierta. Todo lo demás es no-puerta.”
2
De sus “escritos y conversaciones” (29-07-2014)
“Un arquitecto cuando tiene verdadera fuerza interior ha de decir con García Lorca, romperé todos los partenones por la noche y los levantaré por la mañana”.
“Yo soy de esa opinión. Claro que me dicen: pero si tiene que vivir de los encargos, con esta manera de pensar tendrá pocos”; y he tenido pocos encargos y no soy bueno, con esto quiero decirle que si yo hubiera sido bueno todavía hubiera tenido menos encargos. En algún momento la sociedad humana tendría que tomar conciencia de que, efectivamente, la masa es la masa y la minoría es la minoría. Punto. Yo no acudo a la masa para operarme del corazón, sino a una minoría que sabe del corazón»
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1 septiembre, 2015